jueves, 25 de junio de 2020

Fiestas, romerías y otras tradiciones de junio en Aragón. La noche de San Juan (y 2)


Costumbres de Aragón es una sección del programa "Esta es la nuestra", de Aragón Radio, que, con ayuda del etnógrafo José Antonio Adell, da a conocer curiosidades y detalles relacionados con las costumbres aragonesas. Esta semana se ocupa de comentar las costumbres propias de la Noche de San Juan en distintos lugares de Aragón, suspendidas o modificadas este año a causa del Covid-19. Y en el espacio también intervienen, hablando de esas costumbres, Juan Antonio Andrés, presidente del barrio zaragozano de La Jota; Rafael Tejedor, presidente de la Asociación de Vecinos Tío Jorge y Arrabal de Zaragoza; Marcel Iglesias, alcalde de Bonansa; y Carlos Boné, alcalde de Valderrobres.

Leyenda de la noche de San Juan en la Ribagorza:
Franceset de Castanesa
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domingo, 14 de junio de 2020

Fiestas, romerías y otras tradiciones de junio en Aragón (1)

San Antonio de Padua, Corpus Christi, San Lamberto, San Gervasio y Protasio, San Ramón y otras fiestas y romerías

Costumbres de Aragón es una sección del programa "Esta es la nuestra", de Aragón Radio, que, con ayuda del etnógrafo José Antonio Adell, da a conocer curiosidades y detalles relacionados con las costumbres aragonesas. Esta semana habla de las festividades que habría que celebrar en estas fechas en municipios como Alagón, Gallur, Remolinos, Sobradiel, La Muela, Utebo, Cantavieja o Barbastro. Y cuenta una leyenda de la comarca de Cariñena.
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viernes, 29 de mayo de 2020

Fiestas y romerías de mayo (y 3)

Santa Waldesca, San Félix y San Voto, Santo Cristo de Agón, San Fernando, Pascua de Pentecostés y otras fiestas y romerías


Costumbres de Aragón es una sección del programa "Esta es la nuestra", de Aragón Radio, que, con ayuda del etnógrafo José Antonio Adell, da a conocer curiosidades y detalles relacionados con las costumbres aragonesas. Esta semana se centra en las fiestas del último fin de semana de mayo, Pascua de Pentecostés o Pascua Granada. Y ofrece una leyenda sobre el Alto Gállego.

Leyenda
Los amores de Culibilla
(Alto Gállego)
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domingo, 24 de mayo de 2020

20 años de la presentación de "Binéfar tradición y modernidad" de José Antonio Adell

Esta semana se han cumplido 20 años desde aquel 20 de mayo del 2000 en que en Binéfar, en el Teatro, se presentó el libro "Binéfar tradición y modernidad ”editado por el Ayuntamiento de Binéfar con la colaboración del Gobierno de Aragón y de la Diputación de Huesca, y cuya autoría corresponde a José Antonio Adell.


Os dejamos también recortes de prensa facilitados por José Antonio Adell de diferentes publicaciones.










Noticia diario Altoaragón 28-5-2020

Compartir es vivir, también en redes sociales.
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miércoles, 20 de mayo de 2020

Los primeros entrenamientos de maratón

Dionisio Carreras, vencedor del Maratón de 1928, acompañado de su preparador Francisco Alonso. Foto: A de la Barrera

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Los atletas aragoneses fueron los máximos protagonistas durante las tres primeras décadas de la historia del maratón en España (1930-1960). Este dominio, que Aragón tuvo en la prueba reina del atletismo, propició que el Campeonato de España se disputase más de una decena de veces en Zaragoza.

Hablar del maratón en este periodo supone recordar nombres como Dionisio Carreras, Joaquín Callao. Victoriano Pérez, Vicente Salas. Jerónimo Monje. Tomás Ostáriz, Pedro Sierra o Francisco Guardia (1963), todos ellos campeones de España de maratón. algunos en varias ocasiones. A estos nombres habría que añadir muchos más (José Hernández, José Romero, Julián Salillas, Justo Borrás, Alfredo Martínez, Santiago Martín, José Fontanillas, Anselmo Salvador, Gutiérrez, Serrate, Mariano Martín o José Luis Mareca, éste ya en 1986, entre otros) que alcanzaron puestos de honor o se clasificaron entre los cinco primeros.

Si obtener la victoria o una excelente clasificación era un triunfo, no lo era menos el hecho de acabar la prueba, ser capaz de recorrer 42 kilómetros y 195 metros, como lo es en la actualidad. Tenemos que introducirnos en los años treinta para apreciar los numerosos condicionantes a los que se enfrentaban los corredores. La mayoría de los atletas pertenecían a clases sociales bajas; frecuentemente trabajaban durante horas en el campo o en las fábricas. Esta situación provocaba vaivenes en la actividad atlética, acentuada por otras causas. que iban desde una pobre alimentación, falta de equipamiento deportivo (la mayoría corría con alpargatas), mayor riesgo de lesiones, ausencia de ayudas económicas, escasez de entrenadores, hasta vencer mentalidades incomprensivas de la época.

MARATÓN DE BARCELONA EN 1928

Paco Alonso fue el entrenador que más se distinguió en Aragón en esta dura disciplina desde finales de la década de los años veinte y en la década de los treinta. Alonso fue, entre otros, preparador del olímpico Dionisio Carreras.

El periodo de preparación era corto, aunque a veces intenso. Una muestra es el entrenamiento seguido por Dionisio Carreras para disputar el que algunos consideran el Primer Campeonato de España de Maratón, celebrado el 12 de febrero de 1928 en Barcelona. Carreras inició sus entrenamientos a primeros de enero, aunque en un principio la carrera estaba prevista para el día 22 del mismo mes; en su primer entrenamiento hizo un recorrido de ocho kilómetros por carretera, demostrando que se encontraba en una forma espléndida.

Lógicamente, Dionisio Carreras no debía partir de cero; hemos de suponer que se mantenía en actividad y a partir de esta fecha iniciaba su preparación específica para esta prueba. A los diez días realizó un recorrido de 23 kilómetros (de Alagón a Zaragoza). acompañado de dos automóviles conducidos por Ara, Alonso y Escudero, actuando de jueces, y a los que acompañaba Aymes y varios jugadores del Real Zaragoza.

El resultado de este entrenamiento hacía presagiar que Carreras realizaría una extraordinaria carrera en el maratón, a pesar del terreno resbaladizo que recorrió, consecuencia de la lluvia. Las pulsaciones al final del entrenamiento eran normales y la respiración poco fatigada, según las crónicas. A ruego de Carreras no se hizo público el cronometraje de los 5, 10, 15 y 23 kilómetros, y de la hora. A los tres días tenía previsto entrenar sobre un recorrido de 33 kilómetros.

Un mes después de iniciar su preparación hacía recorridos de unos treinta kilómetros, distancia dos en el tiempo y por trayectos diferentes. El realizado el primero de febrero partió de la zaragozana Puerta del Portillo, hasta pasar Casetas, virando en el paso del ferrocarril.

Su último entrenamiento lo efectuó una semana antes de la prueba y consistió en recorrer 33 kilómetros.

El maratón lo organizó el club de Sans y participaron dieciséis corredores. Desde el primer momento destacaron Ginés Ramos y Ferrer. ambos del F.C. Barcelona; Dionisio Carreras, del Real Zaragoza, y Hernández, del F.C. Valencia. Al final, Carreras venció, entrando en meta con un tiempo de 2 horas. 25 minutos y 38 segundos, y con seis minutos de diferencia sobre Ferrer.

EL CAMPEONATO DE ESPAÑA DE 1931

El 20 de diciembre de 1931 se celebró en Zaragoza el IV Campeonato de España de Maratón (los anteriores maratones se disputaron en 1927, con triunfo de Dionisio Carreras, 1929 y 1930, además del aludido de 1928). El ya citado Paco Alonso, desde Barcelona, retenido por sus ocupaciones, remitía a la de La Voz de Aragón (1) una lista de corredores aragoneses que podían una lista de corredores aragoneses que podían participar en la citada

prueba; también daba a conocer el entrenamiento seguido por los catalanes, “por si a ‘alguien’ interesa”. según señalaba.

Alonso reunía en la lista a corredores de toda la geografía aragonesa: Dionisio Carreras, de Codo; Vicente Salas, de Samper de Calanda; Victoriano Pérez, de La Cartuja Baja; Angel Gracia, de Garrapinillos; Manuel Clavero, Alfredo Martínez, José Romeo y Dionisio Pérez, los cuatro de Zaragoza; Bautista Pérez, de Sariñena; Santos Aramburo, de Calatayud; Tomás Palacín, de Cervera de la Cañada; Jorge Verón, de Sabiñán; Isidoro Blasco, José Serrano y Lázaro Román, los tres de Lumpiaque; José Sus, de Gurrea de Gállego; Aurelio Lecina, de Mata de los Olmos; Vicente Rodellar, de Grañén; José Montañés, de Lécera; Miguel Salvador, de Belchite; Inocencio Lamana, de Ambel, y Pascual Marco de Aniñón.

El entrenamiento al que se sometieron los atletas catalanes fue el siguiente:
  • Primer entreno. 5 kilómetros, en 16 minutos y 32 segundos.
  • Segundo entreno:10 kilómetros, en 36 minutos y 19 segundos.
  • Tercer entreno: 15 kilómetros, en 56 minutos y 8 segundos.
  • Cuarto entreno, 20 kilómetros, en 1 hora, 17 minutos y 45 segundos.
El quinto entreno estaba previsto para el domingo 6 de diciembre, a 14 días del Campeonato, sobre una distancia de 25 kilómetros.

El sexto, y último, una semana después, el día 13, sobre 30 kilómetros. Desde esta fecha hasta el día 20, que se celebraría la Maratón, descansaban. La víspera tenían previsto el viaje a Zaragoza.

El triunfo aragonés en este Campeonato fue absoluto; los cinco primeros clasificados fueron aragoneses: 1º Joaquín Callao (3 horas, 10 minutos, 12 segundos), 2º José Hernández, 3º José Romero. 4º Manuel Monzón y 5º Alfredo Martínez. Otro aragonés, Victoriano Pérez, que marchaba kilómetro y medio por delante de Callao, tuvo que abandonar cuando apenas le faltaban un par de kilómetros, debido a que, sediento, sorbió un poco de café con leche y, después, licor, que le ofrecieron unos seguidores.

EL V CAMPEONATO DE ESPAÑA DE MARATÓN

Cuando faltaba poco más de un mes para el V Campeonato de España de Maratón, Paco Alonso, desde Barcelona, utilizaba las páginas de La Voz de Aragón (2) para poner al corriente a los corredores aragoneses. La prueba se retrasaba al mes de enero de 1932 (según cos tumbre se celebraba todos los años en diciembre). por creerlo más con veniente la Federación Catalana, organizadora del Campeonato.

Alonso exponía algunas consideraciones sobre la carrera y anotaba una tabla de entrenamiento, copiada de un célebre corredor finlandés, que era seguida por la mayoría de los maratonianos extranjeros. Con ese entrenamiento, después de un mes de preparación y de los dos periodos, según decía, se podían cubrir los 42 kilómetros y 195 metros en menos de 2 horas y 45 minutos, lo que suponía la posibilidad de ganar la prueba.

Paco Alonso publicaba la tabla para que se apropiasen de ella los atletas, si la Federación Aragonesa no tenía ningún plan de entrenamiento previsto.

Alonso también justificaba la escasez de practicantes del maratón y revelaba algunas notas técnicas:

“Son estas pruebas muy peligrosas para lcs corredores. No desarrollan más que la resistencia y les hacen, además, perder velocidad y agilidad de movimientos. En las carreteras el suelo es duro y pueden correrse algunos kilómetros sobre la punta de los pies: mas, después, necesariamente hay que poner no primero el talón, sino el pie plano. Teniendo la intención de ganar, hay que destinar un espacio de tiempo muy largo para entrenamiento y practicar la marcha, mucha marcha, durante el primer mes de trabajo.

(...) Sobre todo, los atletas que deseen practicar las carreras de gran fondo, como es la Marathon, deben entrenarse siempre por carretera. Hay que olvidar por completo el ‘cross-country’, ya que les sería perjudicial”.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS:

(1)“Del campeonato español de Marathon”, en La Voz de Aragón, 4 de diciembre de 1931.
(2) AIONSO. F.: Ante e! próximo campeonato español de Marathon”, en La Voz de Aragón, 4 de diciembre de 1932.

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 16 de febrero de 1997

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jueves, 14 de mayo de 2020

San Isidro Labrador y otras festividades de mayo



San Indalecio, San Visorio, San Pascual Bailón, la Contradanza de Cetina, procesión a Crucelós en Adahuesca, San José Pignatelli, Santa Quiteria, Santo Cristo, la Ascensión, San Urbano y otros



Costumbres de Aragón es una sección del programa Esta es la nuestra, de Aragón Radio, que, con ayuda del etnógrafo José Antonio Adell, da a conocer curiosidades y detalles relacionados con las costumbres aragonesas. Esta semana se ocupa de próximas celebraciones y San Isidro.
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jueves, 30 de abril de 2020

Corridas de pollos por el Bajo Aragón y comarcas próximas

Pedro Sierra en la carrera pedestre de Calanda

Celedonio García Rodríguez y José Antonio Adell Castán (1994)

Andorra, Calanda, Urrea de Gaén, Albalate del Arzobispo y Oliete son de los pocos pueblos de la comarca que conservan la tradicional Carrera Pedestre; otros pueblos la organizan intermitentemente o se perdió hace pocos años: Castellote, Alloza, Ariño, Castelserás, entre otros.

En Alcorisa, como en otros pueblos de la comarca, se denominaban corridas de peatones, aunque los premios fueran pollos y, ya en los años veinte, metálico (en 1922, 50, 30 y 20 ptas.). Se disputaban en las fiestas de San Roque, en el empalme de Más de las Matas, por el camino y la carretera.

En Molinos se corría desde la era empedrada hasta la cuesta del Culadero; los premios eran pollos y solía ser de carácter local. También se hacían carreras de mujeres con cántaros en la cabeza. Otra variedad era la carrera con cubos llenos de agua o con cestas que debían llenar lo más rápidamente posible con manzanas que se encontraban en hilera por el suelo. Organizaban corridas en diversas fiestas: San Roque, la Virgen de la Soledad e, incluso, para Santa Lucía.

En Albalate del Arzobispo, a principios de siglo, se hacían corridas en las fiestas en honor a la Virgen de Arcos y en las fiestas de barrio dedicadas a San Ramón Nonato, las de la Virgen del Tremedal, San Roque, San Miguel y en las del Santo Ángel de la Guarda. Acompañados de la dulzaina y tamboril, todo el mundo se desplazaba al lugar donde se disputaba la corrida de pollos. En las fiestas de la Virgen de Arcos los premios eran en metálico y la prueba se denominaba «corrida de peatones». Corrían por la rambla derecha del río Martín, cubriendo una distancia de unos tres Km., descalzos por un terreno cubierto de guijarros y maleza; iban desde el Puente hasta la Piedra de la valla, donde ponían la bandera, a la que había que dar la vuelta. Posteriormente se ha corrido en el campo de fútbol, por las calles y en la plaza de toros.

En Más de las Matas se celebraba la corrida en la festividad de San Juan Bautista y Santa Flora. Camilo, el gaitero de Las Parras, animaba esta prueba de casi 4 Km. por la carretera de Alcorisa.

Andorra ha sido la cuna de otros dos grandes corredores, uno de ellos, El Rey de Andorra, pionero en el pedestrismo regional. Llegó a correr, a finales del siglo pasado, en París y en Londres, venciendo a jinetes montados sobre caballos. Otro, Rafael Bielsa, conocido como El pelotón de Andorra, mantuvo emocionantes duelos con Luis Royo; las competiciones disputadas en el campo de fútbol, con seguidores de ambos adversarios, resultaban más emocionantes que cuando jugaba el equipo local de fútbol.

En Calanda la corrida de pollos se disputaba en el camino denominado del tiro del bolo; se salía desde El Hilador y se llegaba al pajar del tío Campechano, camino de la loma del Balcón. Los corredores daban 3 o 4 vueltas. El alguacil pregonaba la carrera: Van a dar suelta a la corrida, al primero se le darán tres pollos, al segundo dos y al tercero uno. Que nadie toque a los corredores, ni ellos con ellos, que sino serán sancionados. Los pollos colgaban de un palo adornado con ramos de albahaca, mientras el gaitero, el tío Campos, de Calanda, amenizaba el festejo. A principios de siglo hubo un incidente, los de Calanda fueron a correr a Foz. El tío Chatín, de Calanda, fue empujado por los corredores locales. A raíz de esto los dos pueblos se pusieron tan a mal que cuando vinieron los de Foz a Calanda, durante las fiestas del Pilar, tuvieron que salir escoltados por la Guardia civil. Hasta llegó a desaparecer una romería en la que se juntaban los dos pueblos. Posteriormente el escenario de la carrera pedestre fue la plaza de toros y, en 1950, allí se celebró la denominada "Carrera Pedestre del Siglo XX", en la que participaron todos los componentes de la selección nacional de cross: Coll, Yebra, Baldomá, Rojo, Miranda y Sierra, entre otros. El premio era una hermosa yegua valorada en 12.000 Ptas., de 3 años y cubierta por un semental del Estado. Presenciaron la prueba los dirigentes federativos y todos los corredores fueron descalificados por profesionalismo.

Castelserás es la cuna de Carmen Valero (dos veces campeona del mundo de cross), quien en alguna ocasión también ha participado en las carreras pedestres de los pueblos, de la mano de su entrenador, José Molíns. Allí se celebraban las corridas de pollos para la Virgen de Guadalupe y San Cosme.

Aguaviva para San Agustín, en la misma fecha que Foz-Calanda; en este lugar, en los años veinte, durante las fiestas de San Roque hacían otro festejo denominado "tiro de pollo", y consistía en colocar un pollo a dos metros de altura y más de cuarenta de distancia, desde donde el tirador "a piedra" que tuviera la suerte de tocarlo o herirlo se lo llevaría.

Castellote para la Virgen del Agua; La Mata y La Ginebrosa para San Bartolomé; Alloza y Oliete para la Santa Cruz; La Cañada de Verich para Santa Ana y para el Pilar; Torre de Arcas para San Bernardo; La Cerollera para San Cristóbal y la Virgen del Remedio, y resumiendo, en todos los pueblos de la comarca se disputaban interesantes corridas de pollos.

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miércoles, 29 de abril de 2020

Celebraciones del mes de mayo



San Pedro, Los mayos, plantación del mayo, romerías


Costumbres de Aragón es una sección del programa Esta es la nuestra, de Aragón Radio, que, con ayuda del etnógrafo José Antonio Adell, da a conocer curiosidades y detalles relacionados con las costumbres aragonesas. Esta semana se ocupa de celebraciones relacionadas con el mes de mayo.

Leyenda
Fátima de Mora y Alonso de Rubielos
(Comarca Gúdar - Javalambre)
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domingo, 26 de abril de 2020

Crónicas oscenses en "El Ciclista": Eloy Pá

Mariano Pelayo, conocido como “Eloy Pá”, contribuyó con sus interesantes crónicas en “El Ciclista” a que Huesca estuviera entre las primeras localidades ciclistas de España. Fue iniciador de la carrera Barcelona-Reus y un defensor decidido de la proyectada Unión Velocipédica del Este


DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Domingo”, suplemento del Diario del Altoaragón, Domingo, 14 de marzo de 1999

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Al iniciarse la última década del siglo pasado surgió en Barcelona la revista deportiva El Ciclista, órgano difusor de los aficionados ciclistas, aunque entre sus páginas también se recogían informaciones de otros deportes: esgrima, regatas, hípica...

Esta revista tenía periodicidad quincenal y raro era el número en el que no aparecieran noticias del ciclismo altoaragonés, principalmente de Huesca y de Barbastro. Las referencias y crónicas, firmadas casi todas ellas por Eloy Pá y Manuel Ricol, nos permiten conocer los hechos y circunstancias que rodearon a los artífices del pedal en sus inicios. El interés de esta información y la abundancia de datos que aportan los clubes velocipedistas de Huesca y Barbastro, considerados pioneros del ciclismo nacional, difícilmente pueden resumirse en un artículo, así pues, junto con las noticias de otras fuentes, abordaremos el tema con más amplitud.

Eloy Pá, natural y vecino de Huesca, nació en 1862, era de profesión comerciante y un entusiasta del ciclismo, o poeta ciclo-maniaco, como lo calificaba Luis Gracia Vicién.

Los atractivos de las fiestas ciclistas

A finales del año 1892, después de un forzoso y prolongado silencio, Pá escribía de ciclismo poco después de haber presenciado las carreras internacionales celebradas en Barcelona, en las que participaron los franceses Fournier, recordman del mundo; Echalié, campeón de Francia; Médinger, campeón de Europa, y de Girardin.

Eloy Pá todavía guardaba en su retina las emociones proporcionadas por su fiesta favorita: “Yo veía desfilar ante mí el último modelo de bicicletas, el corredor profesional y el aficionado con sus elásticos y elegantes trajes, el eco de la campana que da la salida, las banderolas de los jueces, la marca de los carreristas, la velocidad que imprimían a sus máquinas, la prodigiosa marcha y resistencia de Fournier y sus compañeros de profesión, y por encima de todos esos atractivos que ofrece una fiesta velocipedista, llamábanme la atención el público numeroso que honraba tal festejo y la presencia de tanta mujer bonita” (1).

Hasta los detractores del ciclismo, que los había, reconocían que el velocipedismo había tomado carta de naturaleza en nuestro país. Algunos hombres de ciencia, como el doctor Tissié, discutían el valor higiénico del velocipedista; aseguraban que la posición viciosa del ciclista era contraria a la estética, desarrollaba de la cintura para abajo y dejaba en la cara superior del hígado señaladas las costillas (2).

El ciclismo representaba para Pá modernidad cultural frente a las arcaicas tradiciones: “Ha muy pocos años que en muchas poblaciones de importancia, celebrábanse, para solemnizar sus respectivas festividades carreras de hombres metidos en sacos, de borricos, o de otra índole tan ridículas como las apuntadas. Todavía tienen lugar en muchos puntos, pero la cultura y el buen gusto se imponen y aquellas van desapareciendo, dejando paso a diversiones que, como las carreras velocipédicas, merecen la aprobación de toda persona sensata por reunir, además de condiciones de moralidad, todos los atractivos de una fiesta culta, elegante, higiénica, y a la cual contribuye la mujer siempre que solicita su concurso, ofreciendo al ciclista los primores de su bordado en rica cinta de seda, como premio a su habilidad y destreza” (3).

El ciclismo y los otros ejercicios

La pasión por el ciclismo provocaba en Pá una ceguera que le impedía ajustarse a la realidad, anteponiendo las ventajas del ciclismo por encima de otros ejercicios.

Criticaba las corridas de toros, por traer consigo desgracias y presentar escenas repugnantes a espíritus apocados. Analizaba los trabajos gimnásticos, convenientes para el desarrollo de personas débiles de organismo, pero desaconsejable en los circos como espectáculo: las “posturas rígidas para sostenerse en el alambre, los saltos mortales, los trabajos de dislocación, tienen en continua zozobra al espectador que a cada momento teme un fatal desenlace”. Enjuiciaba el pelotarismo, muy en boga, por haber perdido las cualidades que lo hicieron agradable, por haber convertido los frontones y trinquetes en una verdadera “timba” pública. Y sobre las carreras hípicas opinaba que no eran más que la “manifestación de títulos y potentados para exhibir sus caballos, y pretexto de la clase acomodada para lucir en los desfiles sus trenes, haciendo alarde de riqueza y poderío”.


Además de las simpatías del “sport” velocipedista como espectáculo, las máquinas que se utilizaban comenzaban a jugar un papel importante en actividades laborales: en el comercio, en correos, en el ejército, etcétera.

En uno de los apartados de la citada revista, “Ecos de Clubs”, en el mismo número 18, aparecía una noticia sobre el ciclismo oscense, que decía lo siguiente:

“Los ciclistas Oscenses están en vías de crear un velódromo. Sabemos que se han pedido ya planos de las mejores pistas extranjeras para tomar buenos modelos.

Huesca está siempre en primer lugar cuando se trata de ciclismo.

Les felicitamos”.

Balance del velocipedismo en 1892

El balance de lo que había sido el velocipedismo español en 1892, Pá lo calificaba de resultado satisfactorio. Iba progresando rápidamente y la afición se iba extendiendo “de una manera prodigiosa por todas las clases sociales” (4). Hacía tan sólo dos años antes, poseer una bicicleta era patrimonio exclusivo de las personas que pudieran permitirse el capricho de gastarse varios cientos de pesetas.

La bicicleta había entrado de lleno en el desarrollo económico; un buen ejemplo era José Conte, amigo de Eloy Pá, acreditado comisionista de vinos de Angüés, que ponía su máquina al “servicio del tráfico”, evitando gastos en coches, correos y ganando en tiempo. No nos extenderemos en los beneficios higiénicos que también propiciaba el ciclismo.

Los clubes ciclistas, coincidiendo con el cambio del año realizaban las modificaciones correspondientes en la designación de cargos. El 26 de diciembre de 1892 el “Club Velocipedista Oscense” designó su nueva Junta, resultando elegidos los siguientes miembros:
  • Presidente: D. José Mª Susiac.
  • Vicepresidente: D. Juan José Guillén.
  • Tesorero: D. Julián Allué.
  • Contador: D. Juan Delplán.
  • Vocal 1º: D. Enrique Cereceda.
  • Vocal 2º: D. Mauricio Berned.
Todo el año es carnaval

La frase venía como anillo al dedo a Eloy Pá en otra de sus crónicas para dar la razón al popular dicho: “Busca la sociedad una época determinada para cubrirse la cara y decir cuatro lindezas al prójimo, cuando diariamente vemos a infinidad de seres hipócritas que habría que escupirles a la cara si no fuera por el temor de que faltara saliva para tantos como lo merecen” (5).

La novedad del invento se sumaba a una realidad que han sufrido todos los deportes en sus inicios: el enfrentarse a las gentes proclives a desatar la lengua con insultos y “lisonjas” ofensivas, cuando no osaban cultivar una de las habilidades favoritas, las pedreas.

No obstante, los vientos fríos, la nieve y las húmedas nieblas, propias de los primeros meses del año, que convertían las carreteras en verdaderos lodazales, impedían a los aficionados al “sport” cíclico hacer sus acostumbrados paseos y excursiones.

Las bicicletas descansaban simétricamente alineadas en uno de los salones del club, mientras que en el departamento destinado a gimnasio, las anillas, el torniquete, las paralelas, el trampolín y otros aparatos, se veían frecuentados para ejercitar trabajos de pulso, fuerza, flexibilidad, etcétera.

Llegaba el carnaval y las veladas de los velocipedistas en los salones de la antigua sociedad de baile “La Lira”, presidida por D. Mauricio Berned. La falta de noticias deportivas se suplía con la información de las diversiones propias de estas sociedades pudientes.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Eloy PÁ: “Correspondencia”, Huesca, 10 noviembre de 1892, en El Ciclista, Año II, Barcelona 16 Noviembre 1892, Núm. 18.(2) José E.G. FRAGUAS: Tratado racional de gimnástica y de los ejercicios y juegos corporales. Tomo II, Madrid, 1894, p. 465.(3) Opus citat.(4) Eloy PÁ: “Por correo”, Huesca, 27 de diciembre de 1892, en El Ciclista, Año III, Barcelona 16 de Enero de 1893, Núm. 21.(5) Eloy PÁ: “Por correo”, Huesca, 10 de Febrero de 1893, en El Ciclista, Año III, Barcelona 1 de Marzo de 1893, Núm. 24.

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Notas de ciclismo oscense (1893)

El Ciclista, nº 29, 1893
DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Domingo”, suplemento del Diario del Altoaragón, Domingo, 28 de marzo de 1999

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Durante el invierno la actividad velocipédica se paralizaba por las condiciones climatológicas. En cuanto mejoraba el tiempo los ciclistas iniciaban sus habituales excursiones y las porfías para probar sus aptitudes.

El 5 de marzo de 1893 se verificó una carrera entre Juan Pérez y Mariano Otal, socios del «Club Velocipedista Oscense»; ambos convinieron en disputar un “récord” de 36 kilómetros (Huesca-Plasencia-Huesca). El vencido debía pagar una cena en el Hotel de la Unión al vencedor, padrinos, jurado y al corresponsal de El Ciclista (Eloy Pá).

La prueba fue muy reñida y hasta los últimos kilómetros no pudo decidirse quién iba a llegar vencedor. Pérez se impondría finalmente, con mucho esfuerzo y tendiéndose materialmente sobre la rueda delantera.

En la cena prometida, tras la llegada del champagne, volvieron a concertarse nuevas apuestas: Una de 8 kilómetros entre Pérez y Otal, y otra de larga distancia, que designarían Campaña y Berned como respectivos padrinos de los contendientes Montestruc y Gascón. También hubo retos, pendientes de confirmación, entre Berned y Bescós, y entre el joven Laboreo y Calvo. Las enfermedades, en unos casos, y la falta de decisión de otros, impidieron que las apuestas señaladas se celebraran.

El viaje de novios de Campaña

Algunas actividades ciclistas de aquella época eran verdaderas aventuras. En este sentido, El Ciclista del 16 de marzo de 1893, en una de sus noticias breves, comentaba que varios ciclistas oscenses tenían proyectada una excursión a Mont-de-Marsan (Francia), cruzando los Pirineos, en la que invertirían tres o cuatro días.

En este mismo número se daba la noticia de la determinación tomada por Gregorio Campaña de no participar en ninguna carrera de velocidad, debido a la imposibilidad de dedicarse al velocipedismo como quisiera por sus obligaciones profesionales, entre otras causas.

Sin embargo, Campaña sí que iba a participar en las carreras de resistencia, proponiéndose establecer nuevos records. La empresa no era fácil, los ciclistas se enfrentaban a las dificultades de la ruta: carreteras en mal estado, cuestas pronunciadas, curvas muy cerradas...

A primeros de abril de 1893 Gregorio Campaña conseguía un nuevo “récord”, contraía matrimonio con una bellísima y distinguida señorita.

El viaje de novios de Gregorio Campaña y de su mujer fue un nuevo hito del ciclismo aragonés. Marcharon de viaje a Francia y durante su breve estancia en Burdeos y en Pau, la señora de Campaña aprendió a manejar una bicicleta tandem, que adquirieron para utilizarla como medio de locomoción y para regresar a Huesca.

La aventura que supuso la travesía por los Pirineos fue digna de un relato novelesco. Salieron de Olorón a las seis de la mañana del 26 de abril, con la intención de recorrer los 24 kilómetros que les separaba de Bedous, pero, como en este lugar todavía no notaban cansancio, decidieron continuar hasta Urdos (17 kilómetros). A esta población llegaron a las doce y quince minutos.

Gregorio Campaña estaba acostumbrado a tomar notas de todos los acontecimientos que rodeaban a su actividad deportiva, y quizá también de otros muchos hechos de su vida cotidiana. Eloy Pá utilizó su diario de viaje, en el que describía con detalle el viaje de novios y las bellezas de la naturaleza que encontraba a su paso, para la crónica que publicó en el número 30 (1 de junio de 1893) de El Ciclista. Después de un descanso de seis horas, los enamorados intentaron atravesar la frontera, pero un fuerte aguacero les obligó a pasar la noche en una borda o casa de campo, donde fueron amablemente acogidos por el matrimonio que la habitaba.

Al día siguiente se levantaron a las seis de la mañana, y cuando faltaban 10 kilómetros para llegar a la cima del puerto, travesía que nos podemos imaginar muy peligrosa y difícil de salvar en bicicleta, Campaña adquirió un borrico en la posada del Pello (allí disponían de caballerías que ayudaban a realizar la trayecto a toda clase de carruajes).

En borrico cargó con la consorte de Campaña, al mismo tiempo que tiraba de la bicicleta que él manejaba. Después de una pesada ascensión, en el pilón que marcaba la línea divisoria entre ambas naciones estamparon sus nombres.

El descenso hasta Canfranc fue más arriesgado por las peligrosas pendientes, curvas rápidas y precipicios a ambos lados de la carretera. Las ruedas de la bicicleta patinaban en el suelo helado y el nerviosismo de la esposa pudo contenerse gracias a la serenidad y sangre fría del habilidoso Campaña. Tras un día de descanso en Canfranc, emprendieron la marcha con dirección a Jaca y Anzánigo, y doce horas después partieron para Ayerbe, donde lazos familiares, con su pariente Ovejero, les retuvo hasta el día 30. En esta fecha, a las cinco de la tarde, se dirigieron a Huesca, salvando la distancia entre ambas poblaciones en dos horas y treinta minutos.

Al atravesar el Coso, llamó poderosamente la atención entre la numerosa concurrencia ver, por primera vez, una bicicleta-tamdem guiada por una mujer.

Los peones camineros en “El Ciclista”


No cabe duda de que Pá era un personaje dinámico escribiendo crónicas; su apasionamiento lo podemos apreciar en una larga carta enviada al director de El Ciclista (1), y dirigida al Sr. Ministro de Fomento, D. Segismundo Moret y Prendersgat, por el efecto que le produjo la siguiente noticia tomada de un periódico zaragozano:

“Once capataces y ochenta y cinco peones camineros, quedan cesantes en esta provincia con las últimas reformas del ministro de Fomento. Quedarán excedentes los que menos tiempo lleven desempeñando los cargos”.

Eloy Pá comenzaba su exposición en los siguientes términos: “Natural y vecino de Huesca, de 31 años de edad, soltero y de profesión comerciante, según lo acredita la cédula personal extendida por esta Administración con el núm. 1.000, hallándose en pleno goce de sus derechos civiles y políticos, no ha sido nunca procesado, aún cuando lo merece a diario por los abortos que da a luz en sus aficiones periodísticas, etc., etc., tiene la osadía de emitir su opinión sobre las reformas a que se refiere el recorte trascrito al principio”.

El estado de las carreteras era tan deplorable que Pá no pudo contenerse, dedicando una larga exposición de elogio y defensa a los peones camineros e ironizando en su inflexible crítica a la decisión del ministro.

Pá predecía la decadencia del sport “cíclico” en España si no mejoraban las carreteras y este ejercicio que, según sus palabras “favorece el desarrollo de la juventud, al par que le aleja de otros centros que la aniquilan y envejecen prematuramente”, moriría apenas nacido, y cuando precisamente necesitaba de los cuidados y apoyos de los que podían favorecerlos.

La mordacidad con que Pá se dirigía al ministro en su artículo, en un asunto que afectaba a su afición favorita, es una muestra de la constante pugna que mantuvieron los deportistas, de diferentes especialidades, con los poderes públicos y políticos en los inicios de la práctica del deporte moderno. Eloy Pá concluía su exposición de esta guisa:

“Ya, pues, que V.E. aumenta los trabajos de sus subordinados, al mismo tiempo que disminuye el personal, yo, en mi calidad de elector aragonés, de cuya región es V.E. uno de sus dignos representantes en Cortes, le suplico que aproveche su paso por el Ministerio que ocupa, y que es el encargado de cuanto se refiere a vías y obras, para que nos haga un ramal que nos ponga en comunicación con la vía láctea, a donde tendremos que dirigirnos para dar rienda suelta a nuestras aficiones velocipédicas.

Si con los expuesto me concede V.E. un átomo de sentido común, considéreme como inmediato sucesor a su cartera, que de desempeñarla le prometo cobrar la nómina tan puntualmente como V.E. y hacer las cosas tan rematadamente mal como... no habría ejemplo.

Que Dios guarde a V.E. muchos años, y que el cielo le ilumine en sus actos, que así lo desea quien le bendice en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Eloy PÁ: “Por correo”, Huesca, 25 de junio de 1893, en El Ciclista, Año III, Barcelona 1 de Julio de 1893, Núm. 32.

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sábado, 25 de abril de 2020

Tiro de soga en Hinojosa de Jarque

Foto: Celedonio García

33 PAR DE OPUESTOS. 1999
  • Autor: Antonio Chipriana - Zaragoza
  • Materiales: Acero corten y hormigón
  • Medidas: 3.5 x 12 x 1
Lema: En el principio del tiro a la soga - esas tradiciones de juegos populares que son fuente inagotable de aprendizaje.

Más información:
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El descanse, el pati, la cabezota y la luna


DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón. Domingo, 21 de abril de 1997

José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Continuamos con nuevas figuras cuyo principio fundamental del juego consiste en desplazar o empujar el tejo con el pie a la "pata coja". Alguno de estos dibujos comparte nombre y forma con los que veremos en otros artículos posteriores, pero cuya diferencia radica en las reglas de juego.

Hay zonas en las que la denominación genérica del juego incluye a todas las figuras (rayuelas, calderones, truques, descansos, marros etcétera), aunque también es frecuente que se identifiquen por las formas que adoptan: avión, muñeca, bailarina, perol, caracol, cabezota...

El descanse y El cohete

Se da el nombre de "El descanse" a un juego recopilado en Sigüenza (Guadalajara), cuya figura es un cuadrado dividido en cuatro triángulos. Se juega con una "chita" (trozo de teja) que se echa a la casilla número 2, desde la número 1; a continuación, se empuja a la "pata coja", dando la vuelta al "descanse". Después se hace el "repaso", dando otra vuelta, y, posteriormente, se juega lanzando la "chita" de diferentes maneras (1).

Paulette Lequeux (2) recoge una figura similar que denomina "El cuadrado chino"; el juego consiste en arrojar un tejo al interior del triángulo número 1 y empujarlo con el pie al 2, 3, 4, hasta volver al 1 y echarlo fuera. A continuación se arroja al 2, siguiendo como anteriormente. El tejo se vuelve a empujar, sucesivamente, desde los triángulos 3 y 4. Esta figura ya formaba parte de otras que hemos recogido en artículos anteriores.

Lequeux nos aporta más figuras (3); una de ellas, denominada "La rayuela infantil", comparte la figura y la forma de jugar del "Truque" toledano (ver artículo anterior), con la variante de que se puede descansar, apoyando los dos pies en el suelo, en el ángulo interior de la casilla número 3, pero dando media vuelta al mismo tiempo que se salta. También coincide con "La marelle des écoliers" recogido por Basset-Clidière, excepto en la posición de los pies cuando se descansa en la casilla 3, ya que Basset sitúa los pies en el ángulo exterior.

Otra es la "Tierra-Cielo", en la que se arroja el tejo desde la "Tierra" al cuadro número 1, y luego se empuja a la pata coja, de cuadro en cuadro, hasta llegar al "Cielo", donde se puede descansar. A continuación se vuelve a empujar el tejo, cuadro a cuadro, hasta regresar a "Tierra". En cada vuelta se arroja la piedra en el cuadro siguiente.

En "El cohete", el jugador arroja el tejo sucesivamente al interior de cada una de las casillas, del número 1 a la número 8. Después de tirar el tejo, entra saltando a la "pata coja", recorre el circuito hasta llegar de vuelta a la casilla donde está el tejo y, a partir de allí, lo va empujando de casilla en casilla para regresar a la "Tierra".

El recorrido se hace a la "pata coja", apoyando ambos pies, uno en cada casilla, cuando se llega a la 4-5 y 7-8, dando la vuelta de salto en estas últimas. Cuando el tejo está en alguna de ellas se saca apoyándose con un solo pie.

Después de recorrer ocho veces de "Tierra" a "Cielo", se hace otras tantas en sentido opuesto, de "Cielo" a "Tierra", con derecho a descansar ambos pies en el "Cielo".

Por último, desde "Tierra" y de espaldas a la figura, se arroja el tejo entre las piernas o por encima de la cabeza y si cae en alguna casilla el jugador inscribe su nombre, y en la siguiente partida puede descansar en ella con ambos pies.

En un "cohete" de diez casillas se realiza "El viaje colectivo", con equipos de seis jugadores. El juego es similar al anterior; un miembro del equipo tira el tejo a la primera casilla y saltándola recorre las demás hasta llegar a la número 10, situándose lo más próximo a "Cielo", desde donde observa como sus compañeros hacen lo mismo. Cuando llegan todos inician el regreso, comenzando el último en llegar. El jugador postrero deberá sacar el tejo que los otros han saltado. El juego prosigue echando el tejo a las otras casillas. Cuando éste cae en la número 9 y en la 10, todos los jugadores del equipo se agrupan en la que queda libre. En cada partida le toca a un jugador arrojar el tejo y cuando se realizan las 10 idas y vueltas, el primer jugador puede conquistar una casilla. Cualquier error que cometa un miembro del equipo supone la entrada del equipo rival.

El pati y El gato

Tomás Blanco nos aporta (4) varias figuras singulares, recogidas en la provincia de Salamanca. En Zorita de la Frontera se juega a "El Pati"; un rectángulo dividido en otros nueve, que se recorren empujando una piedra a la "pata coja", siguiendo la numeración y el recorrido que podemos apreciar en el dibujo. En la segunda vuelta se tira la piedra a la segunda casilla, y así sucesivamente. Otra figura curiosa es la de Lumbrales. Cada jugador traslada la piedra a la "pata coja", desde la primera casilla, a cada una de las divisiones, según el dibujo. En el compartimento del fondo se empuja tres veces y se descansa; en el "huevo" se descansa y se golpea la piedra otras tres veces hasta salir.

En Calvarrasa de Arriba la figura tiene forma de gato. Se juega con las mismas reglas de las rayuelas anteriores. La piedra se va empujando a la "pata coja" por las diferentes partes de la figura. En la "nariz" se puede descansar. En cada vuelta la piedra se arroja a la parte correspondiente, según el orden establecido en el recorrido.

La naranja y La cabezota

El nombre viene dado por la forma de la figura, una redonda y dividida en gajos y la otra con remate en un gran círculo que asemeja a una cabeza. El juego consiste en lanzar el tejo a cada una de las casillas, recorriendo cada vez la figura a la "pata coja" y desplazando el tejo con el pie desde la casilla en la que se encuentre hasta la última.

Tomás Blanco también recoge en la provincia de Salamanca "La naranja" de Golpejas, con las características de juego ya señaladas, y "La cabezota de Garcihernández; en esta figura se descansa en la casilla número 4 y al llegar a la última, cada vez que se hace el recorrido, se retrocede en sentido inverso (5). El juego y la figura es similar al "Chumbo sencillo", que ya vimos, de Valdelosa (Salamanca).

Uno de los "calderones" sorianos que hemos recogido tiene una forma semejante; como en el anterior se lanza la "tirona" a "primeras", recorriendo todas las casillas a la "pata coja" y desplazando la "tirona" hasta terminar todo el recorrido. Después se lanza la "tirona" a "segundas" y así sucesivamente hasta llegar a "sextas".

La luna

La figura es un rectángulo dividido en diez casillas con los signos + o -, además del cuadro denominado "tierra". Los cuadros señalados con el signo "menos" (-) deben saltarse con un pie y los que tienen el signo "más" (+) con los dos. Ni el tejo ni el jugador pueden entrar en el círculo de la "luna" del cuadro número 6.

Desde la "tierra" se lanza el tejo al cuadro número 1; el jugador salta a ese mismo cuadro golpeándolo con el pie y desplazándolo al cuadro número 2, llevándolo así sucesivamente hasta llegar al cuadro número 10. Martine Basset-Clidière (6) concluye el juego en esta fase, pero Frederic V. Grunfeld (7) continúa regresando desde el cuadro 10 hasta la "tierra". Así se concluye con la que sería la primera vuelta o fase, después incluye las siguientes:

b) Se saltan todos los cuadros llevando el tejo en el pie alzado y se regresa a la "tierra".

c) Se recorren igualmente los cuadros, pero llevando el tejo sobre la cabeza.

d) Del mismo modo, con el tejo sobre el dedo índice.

e) Se lleva el tejo sobre el antebrazo.

f) Sobre la rodilla derecha.

g) Sobre la izquierda.

h) Con los ojos cerrados y la cabeza erguida, se salta de cuadro en cuadro, hasta el número 10, y se regresa. Al mismo tiempo los jugadores anuncian "caliente", si se hace correctamente, y "frío", si se equivoca.

i) Situado en la "tierra", de espaldas a los cuadros, se lanza el tejo por encima del hombro y si cae en uno de los cuadros, sin tocar ninguna raya, se convierte en su "casa". En lo sucesivo en ella puede descansar con los dos pies, pero los demás jugadores deberán saltarla.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS


(1) Juegos de nuestra tierra. C.P.R de Sigüenza, Guadalajara, 1995, p. 132. Recopilación de juegos dirigida por C. García.

(2) LEQUEUX, Paulette: Juegos + de 1000, para todo lugar, casa, escuela, campo, playa... Reforma de la escuela, Barcelona, 1984, p. 157.

(3) Opus citat. pp. 160 a 162.

(4) BLANCO GARCÍA, Tomás: Para jugar como jugábamos. Colección de juegos y entretenimientos de la tradición popular. Centro de Cultura Tradicional, Salamanca, 1995, pp. 93 a 95.

(5) Opus citat. pp. 89 y 90.

(6) BASSET-CLIDIÈRE, Martine: Le guide marabout des jeux de plein air. Marabout, 1989, pp. 37 y 38.

(7) GRUNFELD, Frederic V.: Juegos de todo el mundo. Edilan, Madrid 1978, pp. 166 y 167.

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jueves, 23 de abril de 2020

Las milorchas y el Montgolfier

El Campo del Sepulcro de Zaragoza era el lugar favorito para este deporte indígena. En aquella explanada se daban cita los aficionados al inocente juego que estuvo de moda mucho tiempo

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 31 de marzo de 1996

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Tras las especulaciones de Leonardo de Vinci sobre la posibilidad de imitar el vuelo de las aves, los primeros resultados satisfactorios fueron los obtenidos por los hermanos Montgolfier. En 1783 lograron elevar globos aerostáticos llenos de aire caliente (que denominaron montgolfier).

El invento lo desarrollaron después de comprobar cómo se elevaba un paralelepípedo de papel vitela, hinchado con aire caliente obtenido al quemar lana y paja húmeda.

El 19 de septiembre de 1783, en los jardines de Versalles, ante el rey y la corte francesa, los hermanos Joseph y Etienne lanzaron un globo esférico del que iba suspendida una jaula de mimbre con un cordero, un gallo y un pato, que soportaron perfectamente la ascensión.

A finales del siglo XIX surgieron los primeros aeroplanos, imitando el vuelo de las cometas o milorchas (milochas).

Las milorchas

Los Montgolfier también dieron nombre a los globos de papel, conocidos igualmente como globos aerostáticos, generalmente grotescos, que durante años, y aún en la actualidad, han hecho las delicias de los niños en toda clase de fiestas.

Desde mediados del siglo pasado y hasta 1857, en que se vieron por primera vez en Zaragoza los globos aerostáticos, las milorchas (nombre con el que se conocía en Zaragoza la popular diversión de las cometas) fueron el entretenimiento que más entusiasmó a jóvenes y mayores en la capital aragonesa. Tuvo tanta importancia la diversión y espectáculo que propició una floreciente industria (1).

No había en Zaragoza un solo hijo de vecino que no tuviera su milorcha; las había de todos los tamaños, unas más baratas que otras. Mariano Gracia recordaba donde practicaban aquella afición que traía loca a medio Zaragoza: "Nuestro lugar preferido para dedicarnos a aquel sport indígena, era el campo del Sepulcro. Nos dábamos cita en esa explanada todos los aficionados al inocente juego luciendo nuestras respectivas milorchas decoradas con figuras de colores y con grotescos rabos" (2).

Entre todas las milorchas, la reina fue la del Chapero. Era tan colosal, según nos relata José Hijazo, que una vez suspendida en el aire se la hacía subir o bajar por medio de un torno de madera empotrado en el suelo del Campo del Sepulcro. Cuando la gente barruntaba que iba a ser lanzada, acudía numeroso público a presenciar el espectáculo.

En las cometas se inspiraron los inventores del aeroplano; en los primeros momentos se llegaron a construir grandes cometas con un "pasajero", hasta que se perfeccionó el nuevo invento.

La llegada de los globos aerostáticos acabó en Zaragoza con las milorchas. De aquella esplendorosa época, según contaba Hijazo, sólo quedó durante un tiempo la frase: "¡no sé dónde echaré esta tarde la milorcha!", como sinónimo de pasarlo bien.

 La llegada de los globos aerostáticos acabó en Zaragoza con el milorcheo

El "Observador"

En el verano de 1857 llegó a Zaragoza una compañía de "piculines", procedente de Madrid, para ofrecer varias funciones en la Plaza de Toros. Uno de los artistas del espectáculo fue el famoso acróbata Mr. Esteban Buislay, que realizaba arriesgados ejercicios; pero lo más interesante para el público llegaba al final de la función. Un globo monstruo, a lo montgolfier, llamado "Observador" hacía su triunfal ascensión.

Lo más atrayente del espectáculo, según narraba José Blasco (3), era la operación de hinchar el aerostato. Los concurrentes se echaban al redondel y luego resultaba imposible hacerlos volver al sus localidades. En la segunda exhibición ya tuvo que tomar cartas en el asunto la autoridad.

A la barquilla subía el hijo de Buislay, Julio, un joven de unos 15 años. La despedida resultaba conmovedora; padre e hijo se abrazaban estrechamente antes de separarse. Al soltar amarras la gente se quedaba con la boca abierta contemplando como el globo desaparecía por las alturas. En ese momento, los espectadores salían de la plaza y muchos, corriendo por sendas y caminos, saltando márgenes y brazales, iban al lugar donde caía, celebrándose con gritos, vivas y aplausos el descendimiento del joven Buislay.

Según comentaba José Blasco, era tan grande el número de curiosos que acudían a prestar auxilio al aeronauta, que muchas fincas de la huerta sufrían serios quebrantos. Para evitar estos males, en sucesivas ascensiones se pregonaba por las calles esta advertencia: "Se suplica al respetable público que concurra esta tarde a la plaza de toros y al que no asista, que el globo será auxiliado por servidores de la compañía y guardas de los términos de la ciudad, prohibiéndose, bajo multa, transitar por los campos sin otro pretexto".

Los "Montgolfier" en Huesca

Un siglo después de que se inventara el globo aerostático, y unos cuantos años antes de que se hicieran las primeras demostraciones de la aviación, en Huesca eran habituales las pruebas de aeronautas subidos en sus globos para ascender hasta las alturas.

La presencia de estos monstruos, llenos de aire con tripulante, se hacía coincidir con fiestas de San Lorenzo. Era el momento propicio para que fuera más rentable el "negocio", por la concentración de gente acentuada con la llegada de numerosos forasteros.

A continuación señalamos algunas demostraciones que se pudieron presenciar entre el siglo pasado y el presente en la capital altoaragonesa:

En 1884, el aeronauta J. Ruiz Budoy, subido en el trapecio que colgaba de su Montgolfier, ascendió en la plaza de Zaragoza para descender, sin dificultades, en una colina cercana al próximo santuario de Cillas (4).

Como podemos observar en grabados de la época, algunos de estos navegantes aéreos eran verdaderos trapecistas o piculines, por utilizar un término habitual en aquella época. Colgados de un trapecio, se elevaban con el globo realizando diferentes piruetas, mientras el globo navegaba al capricho del viento y hasta que caía.

En 1888, el día que se había programado la ascensión del globo se suspendió, a consecuencia de haberse caído un madero que lo sujetaba, produciendo graves heridas a un niño que cogió debajo. No obstante, al día siguiente, el aeronauta Onrey ascendió con su nuevo globo, elevándose a respetable altura. En el descenso tuvo varios incidentes, con el peligro que supone desde tales alturas. Cuando toco tierra, Onrey fue muy felicitado y aplaudido.

Todos los años, durante las fiestas de San Lorenzo, se soltaban los clásicos globos aerostáticos grotescos, construidos con papel. En 1900, además de estos pequeños artilugios, el aeronauta Ranea acudió a Huesca para elevarse con su globo montgolfier bautizado con el nombre de "Ciudad de Cádiz".

En 1901 se seguía anunciando, como número extraordinario del programa de festejos, la actuación del aeronauta Onrey, que iba a realizar una ascensión en su globo "La Francia", pero el viento adverso impidió los intentos del tripulante, con la consiguiente decepción de la multitud que se había congregado en el Paseo de la Estación.

Las ascensiones eran verdaderamente arriesgadas. El propio Marcelo Onrey había sufrido varios accidentes graves: en Cartagena cayó a dieciocho millas de la costa; en Tolosa se le incendió, quedando su globo de mil doscientos metros reducido a dieciséis. Estos y otros detalles curiosos se podían ver en un álbum que siempre llevaba consigo el capitán Onrey.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Así lo contaba José BLASCO HIJAZO: ¡Aquí Zaragoza! Tomo 1, Edición Facsimil, Zaragoza, 1988, pp. 128 y 129.

(2) Mariano GRACIA: "De mis buenos tiempos. Memorias de un zaragozano. XXX", en Heraldo de Aragón, 7 de mayo de 1906.(3) José BLASCO HIJAZO: Opus citat. pp. 130 y 131.(4) En Diario de Avisos, 13 de agosto de 1884.

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martes, 21 de abril de 2020

El caracol y El avión


DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón. Domingo, 13 de abril de 1997

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

En las próximas líneas vamos a describir varias figuras de las más populares en la actualidad; ambas contrastan entre sí por su antigüedad y modernidad, respectivamente, así como por la complejidad y la sencillez de ejecución.

La primera de las figuras, «El caracol» y alguna de sus variantes, sigue perteneciendo al grupo de las que el "tejo" se arrastra impulsándolo con un pie a la "pata coja".

«El avión» y las siguientes figuras que recogemos tienen en común dos aspectos fundamentales del juego: lanzar el tejo a una casilla y recorrer la figura a la "pata coja", sin pisar la casilla que contiene el tejo, recogiéndolo con la mano en el camino de vuelta y antes de salir.


El caracol

Esta figura es de las más extendidas por todo el mundo entre los juegos de "tejos" o "tanganas". Martine Basset-Clidière (1) dice que es una de las formas más antiguas de la "rayuela" ("marelle", "marro" o "descanso"). Existen pequeñas variantes de un lugar a otro, pero la esencia del juego es la misma, se dibuja con tiza un "caracol" en el suelo y se recorre empujando un "tejo" o una piedra con el pie y a la "pata coja".

La variante más simple consiste en recorrer la figura a la "pata coja", impulsando el tejo con el pie hasta el final; a continuación se hace el mismo recorrido en sentido contrario, hasta sacar el tejo de la figura.

Lo habitual era que el "caracol" se dividiera en casillas numeradas, y que la piedra se empujara con el pie, a "la pata coja", de una en una hasta llegar a la última; a continuación se recorría en sentido contrario hasta echarla fuera. En La Barbolla (Guadalajara), una vez que un jugador ha realizado el primer recorrido correctamente, marca una casilla con una piedra (conviene que sea de las del medio) en la que podrá descansar mientras que los demás deberán saltarla. Cuando la mayoría de las casillas contienen piedras y es imposible saltarlas sin pisar líneas, se da por finalizado el juego (2).

Martine Basset-Clidière (3) nos aporta un «Caracol» («Le colimaçon») dividido en 18 casillas numeradas en sentido inverso, en cuyo centro se encuentra el "paraíso", donde se descansa. En la casilla 15, generalmente, se marca un "descanso", en el que se autoriza al jugador a apoyar los dos pies.

El "caracol" se recorre varias veces en doble dirección de ida y vuelta. Se empieza echando la piedra en la primera casilla y se empuja con el pie, casilla por casilla, saltando hasta el "paraíso". Después se efectúa en sentido inverso.

La segunda ida y vuelta se ejecuta sin descansar en el "paraíso". En las siguientes vueltas se prohíben las casillas pares, después las impares y al final dos casillas de cada tres.

Basset-Clidière también nos aporta otra figura cuya única diferencia con la anterior radica en la forma del dibujo, que denomina «El reloj» («L´horloge»); no tiene "descanso" y de la casilla 12 se pasa al "paraíso".

Paulette Lequeux dibuja la espiral del "caracol" con 19 casillas, correspondiendo a esta última el "paraíso", pero en el camino el jugador se encuentra con el "infierno" (casilla número 13) y el "descanso" (casilla número 15), mostrando el juego ciertas semejanzas con el juego de la oca (Fig. 5). El modo de jugar es igual a la señalada por Basset-Clidière.

La figura ya citada de «El reloj», Laqueux la denomina «La ronda de las horas».

En otra recopilación de juegos (4), además de la figura del «Caracol», aparece otra de las mismas características que denominan «La sartén», debido a su forma.

Tomás Blanco (5) insiste en el parecido del «Caracol» con el juego de la oca. En una figura que recoge de Chamberí (Salamanca) intercala entre las casillas el "infierno", que hay que saltar por encima; el "descanso" y el "purgatorio", lugares donde se descansa, y el "cielo". Del "cielo" se sale saltando por la casilla del "descanso".

En el «Caracol» de Pedrosillo de los Aires (Salamanca) se juega del mismo modo que con las figuras que veremos a continuación. Se lanza la piedra a la primera casilla y después se recorre el "caracol" saltando a la "pata coja" sin pisar la casilla que contiene la piedra. Al llegar a la casilla central se descansa y, después, se retrocede hasta llegar a la piedra, se recoge con la mano y se sale. Se juega de la misma manera echando la piedra en todas las casillas y cuando se completa el recorrido se gana una "reguleta".

Blanco también recoge un «Caracol» de forma cuadrangular en el que se juega de forma parecida al primero que señalábamos. No se divide en casillas. La piedra se echa a donde caiga, desplazándose el jugador hasta ese punto a la "pata coja"; después se empuja con el pie hasta el centro (descanso) y luego se retrocede hasta salir.


El avión

El juego recibe este nombre por la forma de la figura, dividida en cuadros o casillas. Consiste en lanzar un "tejo" a cada una de las casillas, comenzando por la primera, y haciendo cada vez un recorrido de ida y vuelta, saltando a la "pata coja". La casilla que contiene el "tejo" no se puede pisar y en las casillas paralelas (4-5 y 7-8) se apoyan los dos pies, uno en cada una de ellas, permitiéndose el "descanso", excepto cuando alguna de ellas contiene el "tejo". Éste siempre se recoge en la vuelta.

Alfredo Larraz y Fernando Maestro (6) señalan los recorridos adicionales que deben hacerse tras haber completado los previos de las ocho casillas:

1.- Pisando con un apoyo en cada casilla y llevando el "tejo" sobre el empeine de un pie.

2.- Con el "tejo" encima del puño de una mano.

3.- Con el "tejo" sobre la cabeza.

Al salir de cada uno de estos recorridos debe lanzarse el "tejo" al aire y recogerlo con las manos.

4.- Pisando en los cuadros con los ojos cerrados. En cada paso se pregunta a los otros jugadores: "¿piso?", y si no pisa ninguna raya los demás le contestan: "¡chorizo!", pero si pisa le responden: "¡morcilla!", perdiendo el turno.

Si se consigue realizar todos los recorridos descritos, el jugador se coloca de espaldas al "avión" y lanza el "tejo" tres veces hacia atrás y por encima de la cabeza, intentando que caiga en alguna casilla. Si lo consigue, elige una de ellas como "casa".

En las "casas" sólo pueden pisar y descansar sus propietarios, pero pueden dar asilo a quien quieran y cuando quiera. Gana el que más "casas" consigue.

Mariano Coronas recoge este juego con el nombre de «Marro» (7).

Tomás Blanco (8) dibuja una figura de Monterrubio de la Sierra (Salamanca) con un círculo previo y un semicírculo ("corro") en el otro extremo. A diferencia de las reglas vistas hasta el momento, cuando la piedra se encuentra en una parte de las "alas", ambos pies se pueden apoyar en la otra. Después de efectuar el recorrido de todas las casillas, se lanza la piedra al "corro" final y, cuando el jugador llega hasta ese lugar, se pisa. Desde este lugar se juega en sentido inverso.

Al final, se lanza la piedra al "corro" que precede a la primera casilla y el jugador se desplaza a la "pata coja" hasta pisarla. Entonces, se consigue una "reguleta", eligiendo y marcando uno de los cuadros que los demás jugadores no pueden pisar, pero él sí puede descansar. Gana el que más consigue.

En Sigüenza (Guadalajara) se denomina a las figuras con diferentes nombres, entre otras, «Avión» y «Muñeca» (9). La disposición de las casillas de la "muñeca" puede variar, pero suele terminar en un círculo. El "teje" o la piedra también se conoce con el nombre de "gute".

Una variante, con respecto a las reglas que veíamos en el "avión", es que se puede poner "barrera" (cuando se tira a un cuadro, un compañero/a se coloca al final de la casilla para evitar que el "tejo" se salga). Una vez que se recorren las ocho casillas en sentido normal, se vuelve a dar la vuelta otras tantas veces pero comenzando en sentido contrario, es decir se lanza el "gute" desde detrás del círculo correspondiente al número ocho.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) BASSET-CLIDIÈRE, Martine: Le guide marabout des jeux de plein air. Marabout, 1989, p. 37.

(2) Juegos de nuestra tierra. Recopilación de juegos dirigida por Celedonio García. C.P.R. de Sigüenza, Guadalajara, 1995, p. 131 y 132.

(3) Opus citat. P.37.

(4) Juegos de ayer... para hoy. Centro de Profesores de Calatayud. Zaragoza, 1989, pp. 124 y 125.

(5) BLANCO GARCÍA, Tomás: Para jugar como jugábamos. Colección de juegos y entretenimientos de la tradición popular. Centro de Cultura Tradicional, Salamanca, 1995, p. 94.

(6) LARRAZ URGELES B. Alfredo y MAESTRO GUERRERO, Fernando: Juegos Tradicionales Aragoneses en la Escuela. Mira Editores-DGA, Zaragoza, 1991, pp. 83 a 86.

(7) CORONAS, Mariano: Así nos divertíamos, así jugábamos,... Labuerda: recopilación de juegos infantiles. Ed. ayuntamiento de Labuerda y Diputación Provincial de Huesca. Fraga 1995.

(8) Opus citat., pp. 87 y 88.

(9) Juegos de nuestra tierra... pp. 128 a 130.

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