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domingo, 26 de abril de 2020

Crónicas oscenses en "El Ciclista": Eloy Pá

Mariano Pelayo, conocido como “Eloy Pá”, contribuyó con sus interesantes crónicas en “El Ciclista” a que Huesca estuviera entre las primeras localidades ciclistas de España. Fue iniciador de la carrera Barcelona-Reus y un defensor decidido de la proyectada Unión Velocipédica del Este


DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Domingo”, suplemento del Diario del Altoaragón, Domingo, 14 de marzo de 1999

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Al iniciarse la última década del siglo pasado surgió en Barcelona la revista deportiva El Ciclista, órgano difusor de los aficionados ciclistas, aunque entre sus páginas también se recogían informaciones de otros deportes: esgrima, regatas, hípica...

Esta revista tenía periodicidad quincenal y raro era el número en el que no aparecieran noticias del ciclismo altoaragonés, principalmente de Huesca y de Barbastro. Las referencias y crónicas, firmadas casi todas ellas por Eloy Pá y Manuel Ricol, nos permiten conocer los hechos y circunstancias que rodearon a los artífices del pedal en sus inicios. El interés de esta información y la abundancia de datos que aportan los clubes velocipedistas de Huesca y Barbastro, considerados pioneros del ciclismo nacional, difícilmente pueden resumirse en un artículo, así pues, junto con las noticias de otras fuentes, abordaremos el tema con más amplitud.

Eloy Pá, natural y vecino de Huesca, nació en 1862, era de profesión comerciante y un entusiasta del ciclismo, o poeta ciclo-maniaco, como lo calificaba Luis Gracia Vicién.

Los atractivos de las fiestas ciclistas

A finales del año 1892, después de un forzoso y prolongado silencio, Pá escribía de ciclismo poco después de haber presenciado las carreras internacionales celebradas en Barcelona, en las que participaron los franceses Fournier, recordman del mundo; Echalié, campeón de Francia; Médinger, campeón de Europa, y de Girardin.

Eloy Pá todavía guardaba en su retina las emociones proporcionadas por su fiesta favorita: “Yo veía desfilar ante mí el último modelo de bicicletas, el corredor profesional y el aficionado con sus elásticos y elegantes trajes, el eco de la campana que da la salida, las banderolas de los jueces, la marca de los carreristas, la velocidad que imprimían a sus máquinas, la prodigiosa marcha y resistencia de Fournier y sus compañeros de profesión, y por encima de todos esos atractivos que ofrece una fiesta velocipedista, llamábanme la atención el público numeroso que honraba tal festejo y la presencia de tanta mujer bonita” (1).

Hasta los detractores del ciclismo, que los había, reconocían que el velocipedismo había tomado carta de naturaleza en nuestro país. Algunos hombres de ciencia, como el doctor Tissié, discutían el valor higiénico del velocipedista; aseguraban que la posición viciosa del ciclista era contraria a la estética, desarrollaba de la cintura para abajo y dejaba en la cara superior del hígado señaladas las costillas (2).

El ciclismo representaba para Pá modernidad cultural frente a las arcaicas tradiciones: “Ha muy pocos años que en muchas poblaciones de importancia, celebrábanse, para solemnizar sus respectivas festividades carreras de hombres metidos en sacos, de borricos, o de otra índole tan ridículas como las apuntadas. Todavía tienen lugar en muchos puntos, pero la cultura y el buen gusto se imponen y aquellas van desapareciendo, dejando paso a diversiones que, como las carreras velocipédicas, merecen la aprobación de toda persona sensata por reunir, además de condiciones de moralidad, todos los atractivos de una fiesta culta, elegante, higiénica, y a la cual contribuye la mujer siempre que solicita su concurso, ofreciendo al ciclista los primores de su bordado en rica cinta de seda, como premio a su habilidad y destreza” (3).

El ciclismo y los otros ejercicios

La pasión por el ciclismo provocaba en Pá una ceguera que le impedía ajustarse a la realidad, anteponiendo las ventajas del ciclismo por encima de otros ejercicios.

Criticaba las corridas de toros, por traer consigo desgracias y presentar escenas repugnantes a espíritus apocados. Analizaba los trabajos gimnásticos, convenientes para el desarrollo de personas débiles de organismo, pero desaconsejable en los circos como espectáculo: las “posturas rígidas para sostenerse en el alambre, los saltos mortales, los trabajos de dislocación, tienen en continua zozobra al espectador que a cada momento teme un fatal desenlace”. Enjuiciaba el pelotarismo, muy en boga, por haber perdido las cualidades que lo hicieron agradable, por haber convertido los frontones y trinquetes en una verdadera “timba” pública. Y sobre las carreras hípicas opinaba que no eran más que la “manifestación de títulos y potentados para exhibir sus caballos, y pretexto de la clase acomodada para lucir en los desfiles sus trenes, haciendo alarde de riqueza y poderío”.


Además de las simpatías del “sport” velocipedista como espectáculo, las máquinas que se utilizaban comenzaban a jugar un papel importante en actividades laborales: en el comercio, en correos, en el ejército, etcétera.

En uno de los apartados de la citada revista, “Ecos de Clubs”, en el mismo número 18, aparecía una noticia sobre el ciclismo oscense, que decía lo siguiente:

“Los ciclistas Oscenses están en vías de crear un velódromo. Sabemos que se han pedido ya planos de las mejores pistas extranjeras para tomar buenos modelos.

Huesca está siempre en primer lugar cuando se trata de ciclismo.

Les felicitamos”.

Balance del velocipedismo en 1892

El balance de lo que había sido el velocipedismo español en 1892, Pá lo calificaba de resultado satisfactorio. Iba progresando rápidamente y la afición se iba extendiendo “de una manera prodigiosa por todas las clases sociales” (4). Hacía tan sólo dos años antes, poseer una bicicleta era patrimonio exclusivo de las personas que pudieran permitirse el capricho de gastarse varios cientos de pesetas.

La bicicleta había entrado de lleno en el desarrollo económico; un buen ejemplo era José Conte, amigo de Eloy Pá, acreditado comisionista de vinos de Angüés, que ponía su máquina al “servicio del tráfico”, evitando gastos en coches, correos y ganando en tiempo. No nos extenderemos en los beneficios higiénicos que también propiciaba el ciclismo.

Los clubes ciclistas, coincidiendo con el cambio del año realizaban las modificaciones correspondientes en la designación de cargos. El 26 de diciembre de 1892 el “Club Velocipedista Oscense” designó su nueva Junta, resultando elegidos los siguientes miembros:
  • Presidente: D. José Mª Susiac.
  • Vicepresidente: D. Juan José Guillén.
  • Tesorero: D. Julián Allué.
  • Contador: D. Juan Delplán.
  • Vocal 1º: D. Enrique Cereceda.
  • Vocal 2º: D. Mauricio Berned.
Todo el año es carnaval

La frase venía como anillo al dedo a Eloy Pá en otra de sus crónicas para dar la razón al popular dicho: “Busca la sociedad una época determinada para cubrirse la cara y decir cuatro lindezas al prójimo, cuando diariamente vemos a infinidad de seres hipócritas que habría que escupirles a la cara si no fuera por el temor de que faltara saliva para tantos como lo merecen” (5).

La novedad del invento se sumaba a una realidad que han sufrido todos los deportes en sus inicios: el enfrentarse a las gentes proclives a desatar la lengua con insultos y “lisonjas” ofensivas, cuando no osaban cultivar una de las habilidades favoritas, las pedreas.

No obstante, los vientos fríos, la nieve y las húmedas nieblas, propias de los primeros meses del año, que convertían las carreteras en verdaderos lodazales, impedían a los aficionados al “sport” cíclico hacer sus acostumbrados paseos y excursiones.

Las bicicletas descansaban simétricamente alineadas en uno de los salones del club, mientras que en el departamento destinado a gimnasio, las anillas, el torniquete, las paralelas, el trampolín y otros aparatos, se veían frecuentados para ejercitar trabajos de pulso, fuerza, flexibilidad, etcétera.

Llegaba el carnaval y las veladas de los velocipedistas en los salones de la antigua sociedad de baile “La Lira”, presidida por D. Mauricio Berned. La falta de noticias deportivas se suplía con la información de las diversiones propias de estas sociedades pudientes.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Eloy PÁ: “Correspondencia”, Huesca, 10 noviembre de 1892, en El Ciclista, Año II, Barcelona 16 Noviembre 1892, Núm. 18.(2) José E.G. FRAGUAS: Tratado racional de gimnástica y de los ejercicios y juegos corporales. Tomo II, Madrid, 1894, p. 465.(3) Opus citat.(4) Eloy PÁ: “Por correo”, Huesca, 27 de diciembre de 1892, en El Ciclista, Año III, Barcelona 16 de Enero de 1893, Núm. 21.(5) Eloy PÁ: “Por correo”, Huesca, 10 de Febrero de 1893, en El Ciclista, Año III, Barcelona 1 de Marzo de 1893, Núm. 24.

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Notas de ciclismo oscense (1893)

El Ciclista, nº 29, 1893
DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Domingo”, suplemento del Diario del Altoaragón, Domingo, 28 de marzo de 1999

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Durante el invierno la actividad velocipédica se paralizaba por las condiciones climatológicas. En cuanto mejoraba el tiempo los ciclistas iniciaban sus habituales excursiones y las porfías para probar sus aptitudes.

El 5 de marzo de 1893 se verificó una carrera entre Juan Pérez y Mariano Otal, socios del «Club Velocipedista Oscense»; ambos convinieron en disputar un “récord” de 36 kilómetros (Huesca-Plasencia-Huesca). El vencido debía pagar una cena en el Hotel de la Unión al vencedor, padrinos, jurado y al corresponsal de El Ciclista (Eloy Pá).

La prueba fue muy reñida y hasta los últimos kilómetros no pudo decidirse quién iba a llegar vencedor. Pérez se impondría finalmente, con mucho esfuerzo y tendiéndose materialmente sobre la rueda delantera.

En la cena prometida, tras la llegada del champagne, volvieron a concertarse nuevas apuestas: Una de 8 kilómetros entre Pérez y Otal, y otra de larga distancia, que designarían Campaña y Berned como respectivos padrinos de los contendientes Montestruc y Gascón. También hubo retos, pendientes de confirmación, entre Berned y Bescós, y entre el joven Laboreo y Calvo. Las enfermedades, en unos casos, y la falta de decisión de otros, impidieron que las apuestas señaladas se celebraran.

El viaje de novios de Campaña

Algunas actividades ciclistas de aquella época eran verdaderas aventuras. En este sentido, El Ciclista del 16 de marzo de 1893, en una de sus noticias breves, comentaba que varios ciclistas oscenses tenían proyectada una excursión a Mont-de-Marsan (Francia), cruzando los Pirineos, en la que invertirían tres o cuatro días.

En este mismo número se daba la noticia de la determinación tomada por Gregorio Campaña de no participar en ninguna carrera de velocidad, debido a la imposibilidad de dedicarse al velocipedismo como quisiera por sus obligaciones profesionales, entre otras causas.

Sin embargo, Campaña sí que iba a participar en las carreras de resistencia, proponiéndose establecer nuevos records. La empresa no era fácil, los ciclistas se enfrentaban a las dificultades de la ruta: carreteras en mal estado, cuestas pronunciadas, curvas muy cerradas...

A primeros de abril de 1893 Gregorio Campaña conseguía un nuevo “récord”, contraía matrimonio con una bellísima y distinguida señorita.

El viaje de novios de Gregorio Campaña y de su mujer fue un nuevo hito del ciclismo aragonés. Marcharon de viaje a Francia y durante su breve estancia en Burdeos y en Pau, la señora de Campaña aprendió a manejar una bicicleta tandem, que adquirieron para utilizarla como medio de locomoción y para regresar a Huesca.

La aventura que supuso la travesía por los Pirineos fue digna de un relato novelesco. Salieron de Olorón a las seis de la mañana del 26 de abril, con la intención de recorrer los 24 kilómetros que les separaba de Bedous, pero, como en este lugar todavía no notaban cansancio, decidieron continuar hasta Urdos (17 kilómetros). A esta población llegaron a las doce y quince minutos.

Gregorio Campaña estaba acostumbrado a tomar notas de todos los acontecimientos que rodeaban a su actividad deportiva, y quizá también de otros muchos hechos de su vida cotidiana. Eloy Pá utilizó su diario de viaje, en el que describía con detalle el viaje de novios y las bellezas de la naturaleza que encontraba a su paso, para la crónica que publicó en el número 30 (1 de junio de 1893) de El Ciclista. Después de un descanso de seis horas, los enamorados intentaron atravesar la frontera, pero un fuerte aguacero les obligó a pasar la noche en una borda o casa de campo, donde fueron amablemente acogidos por el matrimonio que la habitaba.

Al día siguiente se levantaron a las seis de la mañana, y cuando faltaban 10 kilómetros para llegar a la cima del puerto, travesía que nos podemos imaginar muy peligrosa y difícil de salvar en bicicleta, Campaña adquirió un borrico en la posada del Pello (allí disponían de caballerías que ayudaban a realizar la trayecto a toda clase de carruajes).

En borrico cargó con la consorte de Campaña, al mismo tiempo que tiraba de la bicicleta que él manejaba. Después de una pesada ascensión, en el pilón que marcaba la línea divisoria entre ambas naciones estamparon sus nombres.

El descenso hasta Canfranc fue más arriesgado por las peligrosas pendientes, curvas rápidas y precipicios a ambos lados de la carretera. Las ruedas de la bicicleta patinaban en el suelo helado y el nerviosismo de la esposa pudo contenerse gracias a la serenidad y sangre fría del habilidoso Campaña. Tras un día de descanso en Canfranc, emprendieron la marcha con dirección a Jaca y Anzánigo, y doce horas después partieron para Ayerbe, donde lazos familiares, con su pariente Ovejero, les retuvo hasta el día 30. En esta fecha, a las cinco de la tarde, se dirigieron a Huesca, salvando la distancia entre ambas poblaciones en dos horas y treinta minutos.

Al atravesar el Coso, llamó poderosamente la atención entre la numerosa concurrencia ver, por primera vez, una bicicleta-tamdem guiada por una mujer.

Los peones camineros en “El Ciclista”


No cabe duda de que Pá era un personaje dinámico escribiendo crónicas; su apasionamiento lo podemos apreciar en una larga carta enviada al director de El Ciclista (1), y dirigida al Sr. Ministro de Fomento, D. Segismundo Moret y Prendersgat, por el efecto que le produjo la siguiente noticia tomada de un periódico zaragozano:

“Once capataces y ochenta y cinco peones camineros, quedan cesantes en esta provincia con las últimas reformas del ministro de Fomento. Quedarán excedentes los que menos tiempo lleven desempeñando los cargos”.

Eloy Pá comenzaba su exposición en los siguientes términos: “Natural y vecino de Huesca, de 31 años de edad, soltero y de profesión comerciante, según lo acredita la cédula personal extendida por esta Administración con el núm. 1.000, hallándose en pleno goce de sus derechos civiles y políticos, no ha sido nunca procesado, aún cuando lo merece a diario por los abortos que da a luz en sus aficiones periodísticas, etc., etc., tiene la osadía de emitir su opinión sobre las reformas a que se refiere el recorte trascrito al principio”.

El estado de las carreteras era tan deplorable que Pá no pudo contenerse, dedicando una larga exposición de elogio y defensa a los peones camineros e ironizando en su inflexible crítica a la decisión del ministro.

Pá predecía la decadencia del sport “cíclico” en España si no mejoraban las carreteras y este ejercicio que, según sus palabras “favorece el desarrollo de la juventud, al par que le aleja de otros centros que la aniquilan y envejecen prematuramente”, moriría apenas nacido, y cuando precisamente necesitaba de los cuidados y apoyos de los que podían favorecerlos.

La mordacidad con que Pá se dirigía al ministro en su artículo, en un asunto que afectaba a su afición favorita, es una muestra de la constante pugna que mantuvieron los deportistas, de diferentes especialidades, con los poderes públicos y políticos en los inicios de la práctica del deporte moderno. Eloy Pá concluía su exposición de esta guisa:

“Ya, pues, que V.E. aumenta los trabajos de sus subordinados, al mismo tiempo que disminuye el personal, yo, en mi calidad de elector aragonés, de cuya región es V.E. uno de sus dignos representantes en Cortes, le suplico que aproveche su paso por el Ministerio que ocupa, y que es el encargado de cuanto se refiere a vías y obras, para que nos haga un ramal que nos ponga en comunicación con la vía láctea, a donde tendremos que dirigirnos para dar rienda suelta a nuestras aficiones velocipédicas.

Si con los expuesto me concede V.E. un átomo de sentido común, considéreme como inmediato sucesor a su cartera, que de desempeñarla le prometo cobrar la nómina tan puntualmente como V.E. y hacer las cosas tan rematadamente mal como... no habría ejemplo.

Que Dios guarde a V.E. muchos años, y que el cielo le ilumine en sus actos, que así lo desea quien le bendice en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Eloy PÁ: “Por correo”, Huesca, 25 de junio de 1893, en El Ciclista, Año III, Barcelona 1 de Julio de 1893, Núm. 32.

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jueves, 23 de abril de 2020

Las milorchas y el Montgolfier

El Campo del Sepulcro de Zaragoza era el lugar favorito para este deporte indígena. En aquella explanada se daban cita los aficionados al inocente juego que estuvo de moda mucho tiempo

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 31 de marzo de 1996

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Tras las especulaciones de Leonardo de Vinci sobre la posibilidad de imitar el vuelo de las aves, los primeros resultados satisfactorios fueron los obtenidos por los hermanos Montgolfier. En 1783 lograron elevar globos aerostáticos llenos de aire caliente (que denominaron montgolfier).

El invento lo desarrollaron después de comprobar cómo se elevaba un paralelepípedo de papel vitela, hinchado con aire caliente obtenido al quemar lana y paja húmeda.

El 19 de septiembre de 1783, en los jardines de Versalles, ante el rey y la corte francesa, los hermanos Joseph y Etienne lanzaron un globo esférico del que iba suspendida una jaula de mimbre con un cordero, un gallo y un pato, que soportaron perfectamente la ascensión.

A finales del siglo XIX surgieron los primeros aeroplanos, imitando el vuelo de las cometas o milorchas (milochas).

Las milorchas

Los Montgolfier también dieron nombre a los globos de papel, conocidos igualmente como globos aerostáticos, generalmente grotescos, que durante años, y aún en la actualidad, han hecho las delicias de los niños en toda clase de fiestas.

Desde mediados del siglo pasado y hasta 1857, en que se vieron por primera vez en Zaragoza los globos aerostáticos, las milorchas (nombre con el que se conocía en Zaragoza la popular diversión de las cometas) fueron el entretenimiento que más entusiasmó a jóvenes y mayores en la capital aragonesa. Tuvo tanta importancia la diversión y espectáculo que propició una floreciente industria (1).

No había en Zaragoza un solo hijo de vecino que no tuviera su milorcha; las había de todos los tamaños, unas más baratas que otras. Mariano Gracia recordaba donde practicaban aquella afición que traía loca a medio Zaragoza: "Nuestro lugar preferido para dedicarnos a aquel sport indígena, era el campo del Sepulcro. Nos dábamos cita en esa explanada todos los aficionados al inocente juego luciendo nuestras respectivas milorchas decoradas con figuras de colores y con grotescos rabos" (2).

Entre todas las milorchas, la reina fue la del Chapero. Era tan colosal, según nos relata José Hijazo, que una vez suspendida en el aire se la hacía subir o bajar por medio de un torno de madera empotrado en el suelo del Campo del Sepulcro. Cuando la gente barruntaba que iba a ser lanzada, acudía numeroso público a presenciar el espectáculo.

En las cometas se inspiraron los inventores del aeroplano; en los primeros momentos se llegaron a construir grandes cometas con un "pasajero", hasta que se perfeccionó el nuevo invento.

La llegada de los globos aerostáticos acabó en Zaragoza con las milorchas. De aquella esplendorosa época, según contaba Hijazo, sólo quedó durante un tiempo la frase: "¡no sé dónde echaré esta tarde la milorcha!", como sinónimo de pasarlo bien.

 La llegada de los globos aerostáticos acabó en Zaragoza con el milorcheo

El "Observador"

En el verano de 1857 llegó a Zaragoza una compañía de "piculines", procedente de Madrid, para ofrecer varias funciones en la Plaza de Toros. Uno de los artistas del espectáculo fue el famoso acróbata Mr. Esteban Buislay, que realizaba arriesgados ejercicios; pero lo más interesante para el público llegaba al final de la función. Un globo monstruo, a lo montgolfier, llamado "Observador" hacía su triunfal ascensión.

Lo más atrayente del espectáculo, según narraba José Blasco (3), era la operación de hinchar el aerostato. Los concurrentes se echaban al redondel y luego resultaba imposible hacerlos volver al sus localidades. En la segunda exhibición ya tuvo que tomar cartas en el asunto la autoridad.

A la barquilla subía el hijo de Buislay, Julio, un joven de unos 15 años. La despedida resultaba conmovedora; padre e hijo se abrazaban estrechamente antes de separarse. Al soltar amarras la gente se quedaba con la boca abierta contemplando como el globo desaparecía por las alturas. En ese momento, los espectadores salían de la plaza y muchos, corriendo por sendas y caminos, saltando márgenes y brazales, iban al lugar donde caía, celebrándose con gritos, vivas y aplausos el descendimiento del joven Buislay.

Según comentaba José Blasco, era tan grande el número de curiosos que acudían a prestar auxilio al aeronauta, que muchas fincas de la huerta sufrían serios quebrantos. Para evitar estos males, en sucesivas ascensiones se pregonaba por las calles esta advertencia: "Se suplica al respetable público que concurra esta tarde a la plaza de toros y al que no asista, que el globo será auxiliado por servidores de la compañía y guardas de los términos de la ciudad, prohibiéndose, bajo multa, transitar por los campos sin otro pretexto".

Los "Montgolfier" en Huesca

Un siglo después de que se inventara el globo aerostático, y unos cuantos años antes de que se hicieran las primeras demostraciones de la aviación, en Huesca eran habituales las pruebas de aeronautas subidos en sus globos para ascender hasta las alturas.

La presencia de estos monstruos, llenos de aire con tripulante, se hacía coincidir con fiestas de San Lorenzo. Era el momento propicio para que fuera más rentable el "negocio", por la concentración de gente acentuada con la llegada de numerosos forasteros.

A continuación señalamos algunas demostraciones que se pudieron presenciar entre el siglo pasado y el presente en la capital altoaragonesa:

En 1884, el aeronauta J. Ruiz Budoy, subido en el trapecio que colgaba de su Montgolfier, ascendió en la plaza de Zaragoza para descender, sin dificultades, en una colina cercana al próximo santuario de Cillas (4).

Como podemos observar en grabados de la época, algunos de estos navegantes aéreos eran verdaderos trapecistas o piculines, por utilizar un término habitual en aquella época. Colgados de un trapecio, se elevaban con el globo realizando diferentes piruetas, mientras el globo navegaba al capricho del viento y hasta que caía.

En 1888, el día que se había programado la ascensión del globo se suspendió, a consecuencia de haberse caído un madero que lo sujetaba, produciendo graves heridas a un niño que cogió debajo. No obstante, al día siguiente, el aeronauta Onrey ascendió con su nuevo globo, elevándose a respetable altura. En el descenso tuvo varios incidentes, con el peligro que supone desde tales alturas. Cuando toco tierra, Onrey fue muy felicitado y aplaudido.

Todos los años, durante las fiestas de San Lorenzo, se soltaban los clásicos globos aerostáticos grotescos, construidos con papel. En 1900, además de estos pequeños artilugios, el aeronauta Ranea acudió a Huesca para elevarse con su globo montgolfier bautizado con el nombre de "Ciudad de Cádiz".

En 1901 se seguía anunciando, como número extraordinario del programa de festejos, la actuación del aeronauta Onrey, que iba a realizar una ascensión en su globo "La Francia", pero el viento adverso impidió los intentos del tripulante, con la consiguiente decepción de la multitud que se había congregado en el Paseo de la Estación.

Las ascensiones eran verdaderamente arriesgadas. El propio Marcelo Onrey había sufrido varios accidentes graves: en Cartagena cayó a dieciocho millas de la costa; en Tolosa se le incendió, quedando su globo de mil doscientos metros reducido a dieciséis. Estos y otros detalles curiosos se podían ver en un álbum que siempre llevaba consigo el capitán Onrey.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Así lo contaba José BLASCO HIJAZO: ¡Aquí Zaragoza! Tomo 1, Edición Facsimil, Zaragoza, 1988, pp. 128 y 129.

(2) Mariano GRACIA: "De mis buenos tiempos. Memorias de un zaragozano. XXX", en Heraldo de Aragón, 7 de mayo de 1906.(3) José BLASCO HIJAZO: Opus citat. pp. 130 y 131.(4) En Diario de Avisos, 13 de agosto de 1884.

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martes, 21 de abril de 2020

Las "corridas de pollos" de Grañén. Homenaje a Valentín Rodellar (I)

Carrera pedestre de Grañén 

Publicado en la revista Flumen XXI, Nº 2 (Tercer trimestre de 2000)

Celedonio García Rodríguez y José Antonio Adell Castán

En el siglo pasado ya había una gran afición por las carreras pedestres, que se celebraban durante las fiestas patronales de Grañén, en honor de Santiago el Mayor.

Las corridas se disputaban por la tarde. La denominada “corrida de pollos” ocupaba la tarde del día grande, tal como vemos en los programas de fiestas del siglo pasado.

En las fiestas de 1886, el día del patrón, por la tarde, se celebraron varias carreras, la que se denominaba tradicional “corrida de pollos”, la de “la manzana” y carreras de niños.

Estas pruebas pedestres también recibían el nombre de “carreras al estilo del país”; tal como aparecían en el programa de fiestas de 1899, nombre habitual que se daba a las carreras celebradas en las fiestas de los pueblos de la Hoya de Huesca y comarcas limítrofes.

Las carreras estaban organizadas por el Ayuntamiento y bajo su presidencia se disputaban en la plaza Mayor. En 1902, el primer día se celebraron las corridas de pollos y la de chicos en sacos, y el segundo día la de niños. En 1903 también hubo “corridas de pollos”, de entalegados y otras diversiones improvisadas que fueron presenciadas por numerosa concurrencia.

En 1904 el Heraldo de Aragón decía que las fiestas profanas se habían reducido “a las clásicas corridas de pollos en justa y a carrera larga, que despiertan mucho entusiasmo”.

En 1907, el vencedor de las clásicas “corridas de pollos”, en dos días consecutivos, fue el corredor Fernando Val, quien dio cincuenta vueltas en pista (aproximadamente cinco kilómetros), en poco más de quince minutos.

En 1908, B. Pérez relataba con gran precisión de detalles, en el Heraldo de Aragón, el desarrollo de la típica “corrida de pollos”:

“Las corridas de pollos, tan populares y generalizadas en esta región, son los festejos que con más entusiasmo presencia el vecindario. A la hora prefijada suena el redoble del tambor de voz pública anunciando la celebración de la correspondiente corrida. Desde que esto tiene lugar hasta que comienza la función, la animación en las calles es verdaderamente extraordinaria; todos en animado tropel dirígense presurosos a la plaza Mayor y, rodeando la pista, sentados en el suelo unos, en sillas otros, y de pie los más, forman un formidable cordón muy semejante al del tendido de nuestras plazas de toros. Balcones y ventanas se ven atestadas de elegantes señoritas que, resguardadas del sol por multitud de sombrillas, forman un conjunto delicioso y dan gran realce a esta fiesta de sumo popularísima.

Toma asiento el Jurado en la Presidencia y después aparecen los corredores con su traje especial, los cuales son pronto objeto de todas las miradas. Se le toma su filiación y da lectura en su presencia a las condiciones en que va a celebrarse el concurso.

Acto seguido bate de nuevo el tambor en voz pública, se hace el silencio y se fijan las condiciones que para el público siguen durante la fiesta.

Tras estos preliminares comienza la corrida y la animación en el público se hace, por momentos, delirante y por demás entusiasta. Entre los corredores los hay de otros pueblos y sus paisanos y los amigos de unos y otros dirigen sin cesar multitud de exclamaciones para animarles. Cuando un corredor, haciendo un supremo esfuerzo, consigue colocarse el primero, entonces el entusiasmo es indescriptible, el griterío formidable y el regocijo llega a su colmo. Los corredores, sudorosos, se animan más y más; a algunos les emocionan las ovaciones, y nerviosos, se les ve palidecer.

Faltan pocas vueltas y la lucha se hace por momentos más violenta y en medio de ese entusiasmo general termina la corrida, se adjudican los premios y cada corredor se retira rodeado de sus más íntimos amigos y seguidos de multitud de curiosos.

Tras esta corrida se celebra otra de hombres metidos en sacos, los cuales con sus numerosas caídas regocijan también el numeroso concurso”.

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lunes, 20 de abril de 2020

Manuel Ricol, el decano del ciclismo en España

Portada dedicada a Manuel Ricol por la revista Los Deportes de Barcelona con motivo de la visita del veterano ciclista al Dr. Barraquer (Barcelona, 9 de junio de 1901)

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Hace poco tiempo nos recordaba Mariano Amada, ligado por lazos familiares a la ciudad de Barbastro, que este año se cumplía el Ciento Cincuenta Aniversario del nacimiento de Manuel Ricol Giner, relojero barbastrense y pionero del ciclismo español.

Recientemente Francisco Lagardera publicaba un interesante artículo titulado “Ciclismo y modernidad en Barbastro durante el siglo XIX”, en la revista Somontano, y que, sin duda, era un homenaje a tan distinguido velocipedista.

Por nuestra parte, más modestamente, queremos contribuir con este y quizá con algún otro artículo, recordando alguna de las múltiples hazañas de Ricol; de esta manera nos unimos al homenaje que la ciudad del Vero está obligada a rendir a tan ilustre personaje.

Los inicios velocipédicos de Ricol

A Manuel Ricol se le considera el decano del ciclismo en España; nació en 1849, en Castellote (Teruel), trasladándose su familia a Barbastro cuando tenía ocho años. En 1869 ya montaba en velocípedo, a los pocos años de que fuera inventado por los hermanos Michaux (1860). En 1877 se estableció en Barbastro de relojero y poco después fundaría el primer Club Velocipedista de Aragón.

Los inicios de la historia del velocipedismo español están íntimamente ligados a su nombre. La memoria ciclista del oscense Eloy Pá también iba unida a este personaje:

“Yo recuerdo que todavía niño, y cuando ni siquiera sabía pronunciar la palabra velocípedo, veía un hombre de larga y sedosa barba negra, montado sobre un hierro sostenido por una rueda extraordinaria por lo grande y otra extraordinaria por lo pequeña, pasar con tal velocidad, que producía nuestro asombro y la admiración de los mayores. Creíamosle un ser diferente de los demás y nos parecía imposible que, andando el tiempo, aquel vehículo llegara a generalizarse hasta conseguir la importancia que hoy tiene; y a esto nadie ha contribuido como Ricol, poniendo sus consejos, sus conocimientos y su capital a disposición de sus numerosos amigos” (1).

Su nombre era conocido en toda España y en todas las regiones fueron testigos de su presencia, cuando era desconocido este medio de locomoción. Tuvo que aguantar las burlas de sus contemporáneos, los mismos que luego le aplaudían y felicitaban por su brillante carrera velocipédica.

El héroe del Vero

Ricol siempre mantuvo viva la afición al velocipedismo e impregnó de ciclismo a cuanto le rodeaba. Si en alguna época el ciclismo atravesó dificultades, aparecía el “héroe del Vero” anunciando algún récord asombroso y ponía en movimiento a todos los pueblos que atravesaba en su tránsito.

Prototipo de caballerosidad, Ricol fue espléndido con cuantos velocipedistas visitaron Barbastro. Su locura con todo lo que se relacionaba con el ciclismo, le hacía ser desprendido con el dinero y participaba en cualquier empresa que se le propusiera.

Siempre tuvo un grupo de discípulos que heredaron del maestro su resistencia y su carácter.

Algunos records de Ricol

El 14 de octubre de 1888 Ricol estableció el récord de doce horas, sin ser batido posteriormente en aquel año.

El 15 de marzo de 1889 realizó 253 kilómetros en 20 horas y 32 minutos, estableciendo otro récord, puesto que Enrique Marzo consiguió el de 24 horas en diciembre del mismo año, cuando iba a entregarse a Ricol el diploma de Campeón de resistencia de España.

Cien kilómetros sin desmontar

El primero de marzo de 1893 El Ciclista anunciaba que el conocido ciclista D. Manuel Ricol, a sus 44 años, pensaba batir el récord de 100 kilómetros sobre carretera, con la particularidad de hacer el recorrido sin desmontar una sola vez. El itinerario sería Barbastro a Huesca y regreso.

En realidad, el intento de este récord no era exclusivo de Ricol, sino que iban a participar otros velocipedistas barbastrenses. Para el control de estas pruebas, no exentas de originalidad, teniendo en cuenta las fuertes cuestas del recorrido, los ciclistas de Barbastro contaban con la participación de los oscenses para que actuasen de testigos.

Este anuncio pudo ser una más de las artimañas habituales en Ricol para mantener vivo el club ciclista barbastrense, afectado por la intromisión y predominio de socios ajenos al velocipedismo.

El «Club de Velocipedistas de Barbastro» desapareció, pero el reducido grupo de velocipedistas permaneció, si cabe, más unido que nunca.

El 10 de junio, por la noche, Peropadre y Llebot salieron para esperar a Ricol en Huesca; Palacián, Mateo, Ferrando y Regne se trasladaron a diferentes puntos del trayecto; asimismo, Conte, de Angüés, y Benabarre, Azara y Coll, de Lascellas, ocuparon otros puntos que de antemano tenían indicados.

El día 11, Cidraque, Ramis, Ester, Beso, Alba, Miranda, Gruas, Gargallo y Bellostas partieron con Ricol, quedándose en varios sitios para acompañarle en su regreso. Los primeros kilómetros los cubrió con facilidad, pero no tenía que reservarse para cumplir su objetivo, hacer la ida y vuelta a Huesca sin bajar del sillín. En tres horas recorrió 64 kilómetros, pero poco después se levantó viento de cara que estuvo a punto de desesperar a Ricol en alguna de las cuestas.

En estos momentos de pesimismo, perdiendo tiempo para no fracasar en su propósito, se encontró con la joven esperanza del ciclismo oscense, Juanito Dessy, que con su pesada máquina recorrió 60 kilómetros. A 14 kilómetros de Huesca les esperaba Campaña, que luego les acompañó en un largo tramo de regreso.

Al llegar Ricol a Huesca, mientras daba la vuelta por la plaza de Santo Domingo para emprender el regreso, pudo ver, entre otros, a Mateu (célebre conserje del «Club Velocipedista Oscense» y a Eloy Pá, y en la carretera, desde Angüés, a Portolés, Rasal, Ezquerra, Beltrán, Vidal y algunos más.

Al parecer, el joven Gargallo hizo el mismo récord que Ricol, aunque, como señalaba Eloy Pá, “sin pretensiones de enmendarle la plana”. Realmente, sólo podía apreciar el mérito de aquella carrera quien hubiera recorrido el estado de la carretera, sembrada de baches y alternada con rompedoras cuestas.

Polémica por el récord de Ricol

Los records conseguidos por Ricol fueron homologados por la “Sociedad de Velocipedistas de Madrid”, circunstancia que aprovechó el navarro Antonio Sanromá para criticarlo, ya “que no estando constituida la Unión Velocipédica Española, no hay ninguna Sociedad que tenga más autorización que las demás”.

Sanromá también se permitió opinar sobre el reciente récord de los 100 Km. de Ricol: “Debo advertir al señor Ricol que si quería que su récord de 100 kilómetros fuera difícilmente batido, podría haber escogido mejor carretera que la de Huesca a Barbastro. Sería una temeridad pretender batir de cincuenta minutos sobre el mismo terreno el récord de un recordman tan ventajosamente conocido como el señor Ricol” (2). Y, finalmente, Sanromá decía que estaba dispuesto a batir el récord del señor Ricol, en el mismo terreno que lo estableció o en el de Sanromá (paseo de carruajes del Parque). El ofrecimiento lo hacía extensivo a cualquier otro ciclista de Barbastro.

Toda la polémica surgió por los artículos publicados en el periódico La Bicicleta, de Pamplona, firmados por “Veloz de Carrera” y de los que nada tenía que ver Ricol. Sin embargo, Manuel Ricol no tardó en contestarle, replicándole a sus advertencias y, puesto que se trataba de demostrar si el Parque era carretera española, le propuso que fuera a la carretera de Barbastro a Huesca para hacer los 100 Km., concediéndole los velocipedistas barbastrenses treinta minutos y un premio. Ricol no obtuvo respuesta.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Eloy Pá: en El Ciclista, nº 31, Barcelona, 15 de junio de 1893.(2) Antonio Sanromá: en El Ciclista, nº 33, Barcelona, 15 de julio de 1893.


Publicado en “Domingo”, suplemento del Diario del Altoaragón, Domingo, 11 de abril de 1999

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El velocipedismo altoaragonés a finales del siglo XIX

Portada del nº 20 de la revista “El Ciclista”, año 1893

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Las crónicas velocipedistas de esta época nos muestran la “fiebre” de los entusiastas por las modernas máquinas, formando verdaderas camarillas de devotos.

La relación entre los ciclistas altoaragoneses era amistosa; los únicos clubes velocipedistas de aquella época, el de Barbastro y el de Huesca, colaboraban entre sí para establecer records, organizar carreras y también participaban en excursiones conjuntas. Estas últimas actividades, en las que reinaba la galantería y la caballerosidad, eran evidentes manifestaciones de “culto” al velocipedismo.

El velocipedismo en Barbastro

Tras el obligado descanso invernal, y después de haber ocupado el tiempo dedicado a la caza, los ciclistas del Somontano iniciaban la temporada velocipedista anunciando records, ambiciosas excursiones y otras actividades.

Todas estas noticias, en 1893, ocultaban una realidad poco prometedora para el «Club de Velocipedistas de Barbastro»; los socios no velocipedistas comenzaban a predominar sobre los aficionados al pedal, circunstancia que provocó el quebranto de la Sociedad.

En abril de 1893 se daba la triste noticia: “El Club de Velocipedistas de Barbastro, después de arrastrar algunos meses una vida lánguida, ha muerto de anemia; es decir, se ha disuelto”.

En El Ciclista se evocaban páginas de gloria, hasta aproximarse a la penosa realidad, y concluía con una celebre frase lapidaria:

“Faltábanle las energía y el entusiasmo del veterano de la velocipedia española, que a la fuerza de trabajo ímprobo y una perseverancia a toda prueba, llegó a constituir allí un grupo de ciclistas que contagiados de la imponderable afición del maestro, retaron a la España entera para un récord que entonces sólo en la semi locura sportiva de aquellos atrevidos con Ricol a la cabeza, podían llevar a cabo, dando días de gloria a nuestra terreta y al velocipedismo español.

Hay que desengañarse en todo lo que sea velocipedismo; Barbastro, sin Ricol, no puede tener vida; y decimos esto, que es sin duda la opinión de todos, porque quisiéramos ver levantarse nuestra Sociedad basada en la experiencia del pasado, que estuviera a la fama tan legítimamente adquirida.

Los velocipedistas de Barbastro deben exclamar, parodiando a los antiguos cortesanos: «¡El Club ha muerto! ¡Viva el Club!»” (1).

Pero Barbastro no podía quedarse sin un club que aglutinara a los aficionados al pedal. Una vez más, Manuel Ricol se convertiría en el adalid de los ciclistas, encabezando en noviembre de 1893 la constitución de una sociedad de velocipedistas, el “Cicle Club Barbastrense”, en los locales que anteriormente ocupaba su relojería.

Excursión a Sariñena

Mientras tanto, los velocipedistas de Barbastro mantenían viva su afición preferida y cualquier motivo era bueno para practicar con la bicicleta.

En El Ciclista (2) del 16 de abril de 1893, Ricol narraba una curiosa “excursión a Sariñena”. Todo surgió por la decisión de Ramis (padre e hijo) y de Gruas que, por negocios, debían ir a Sariñena el 24 de marzo, donde se celebraba la feria.

Los tres contaron a Ricol que habían acordado realizar el viaje en bicicleta. Para acortar el recorrido, decidieron llegar hasta Lascellas y cruzar todo lo más derecho posible por los caminos, para salir a la Venta de Ballerías. Ricol les pidió que cuando llegasen le escribieran dos líneas contándole cómo había transcurrido del viaje.

Al día siguiente Ricol recibía una carta de Gruas, en la que le decía lo siguiente: “El camino podía estar peor; nos hemos perdido y dado un buen rodeo, pero las máquinas han resistido”.

Con estas noticias tan incompletas, Ricol decidió hacer el viaje de ida y vuelta a Sariñena en el día. Se lo comunicó a sus amigos Gargallo, Llebot y Palacián, que también quisieron acompañarle.

Así lo hicieron, y el domingo, a las cinco y media de la mañana partieron por la carretera de Huesca, hasta el Km. 16, poniendo sus máquinas a prueba hasta Lacuadrada, donde hicieron un alto (allí, ante ruegos, Ricol, relojero de profesión, tuvo que arreglar un reloj). Con grandes suspiros por volver nuevamente a la carretera, llegaron a la Venta de Ballerías, y unos minutos antes de las diez a Sariñena; allí estrechaban las manos de sus amigos, sorprendidos de su llegada.

Todavía recorrieron la población y sus inmediaciones, viendo una bonita carretera con dirección a Castejón de Monegros, que todavía no estaba finalizada.

A la una y veinte minutos iniciaron el camino de regreso; en Lacuadrada hicieron parada y fonda; en Peraltilla se encontraron con Miranda y otros compañeros, y aún se reunieron con otros amigos en la casilla del Pueyo. Todos juntos llegaron a Barbastro, todavía con sol en la campiña.

Ramis (hijo) hizo el mismo recorrido en biciclo, aunque con descanso de tres días entre la ida y la vuelta.

Reunión de oscenses y barbastrenses

El 9 de agosto de 1893 Eloy Pá (3) describía el desarrollo de una concentración de velocipedistas oscenses, barbastrenses y de localidades próximas celebrada el 23 de julio, a la localidad de Angüés. La “aventura” comenzó para el narrador en Siétamo, donde le esperaban varios amigos oscenses, entre ellos, Campaña, Berned, Gascón y Dessy, y barbastrenses, encabezados por su admirado Ricol, dirigiéndose a continuación a la vecina localidad de Angüés.

Pá relataba la llegada a Angüés: “las gentes agolpábanse a nuestra llegada a las puertas y balcones, demostración palpable de las simpatías que tiene nuestro sport”. En el café fueron obsequiados con pastas, vinos, licores y cigarros, mientras esperaban otros velocipedistas.

Los 35 o 40 ciclistas reunidos marcharon con sus máquinas al Alcanadre, junto al largo puente sostenido con potentes maromas de alambre. Ricol, Palacián, Ubarro Campaña y otros aprovecharon para zambullirse en las aguas del río.

De regreso a Angüés, el medio centenar de ciclistas ocupó los tres salones de la venta que les servía de hospedaje. La mesa principal estaba presidida por Manuel Ricol, dado su carácter de invitante. Tras la comida y los discursos, en los que se destacó el entusiasmo por el velocipedismo y se ensalzaron las ventajas que ofrecía su práctica, desconocidas entre sus más sistemáticos detractores, los comensales abandonaron los salones para ver los alardes de fuerza que hacía Portolés tirando la barra.

El canto de la jota puso fin a la diversión, cuando la saeta del reloj anunciaba el momento de la despedida.

Los velocipedistas aragoneses vistos por Claudio Rialp

Claudio Rialp, director de El Ciclista, realizó un viaje por varias regiones de España en las que el “sport” ciclista había cuajado con fuerza. Rialp llegó a Selgua, donde le esperaba Manuel Ricol, a quien calificaba de “propagador ferviente del ciclismo en la región aragonesa”; también se hallaba allí el propietario de la fonda de la Perla de Barbastro, otro ciclista convencido.

El «Club Velocipedista de Barbastro» poseía dependencias muy bien decoradas. En honor del huésped, el «Club» organizó una excursión a la ermita del Pueyo, asistiendo entre 18 y 20 aficionados: Ricol, Bellostas, Gruas, Peropadre, Palacián, Lleot, Mateo, Ester, Ramiz (padre e hijo), Miranda, Cidraque, Albero, Ezquerra, Reñé, Beso, Gargallo y otros. Al mismo lugar acudieron, desde Lascellas, Coll, Azara y Benabarre.

Rialp valoraba la afición de los barbastrenses y su fortaleza. Las carreteras por las que podían practicar su deporte favorito eran escasas: la de Graus, la de Huesca y la que conducía a Monzón que estaba en construcción y nunca acababa de terminarse.

Tras su estancia en Barbastro partió hacia Huesca en coche de caballos, acompañado durante una parte del recorrido por Ricol y por Ester. En Lascellas le esperaban los cuatro velocipedistas locales, los tres que habían acudido el día anterior a la excursión de la ermita del Pueyo y Pedro Subías.

La accidentada carretera, de continuas cuestas y bajadas, hacía pensar a Rialp que era la menos apropiada para establecer los records de 50 y 100 kilómetros, tantas veces conseguidos por Ricol y Campaña.

En Siétamo paró la diligencia en la que viajaba Claudio Rialp, siendo acompañado a una posada en la que le esperaba Gregorio Campaña y Mauricio Berned, secretario del «Club Velocipedista Oscense», con una bicicleta Humber, para que la entrada a Huesca la hiciera en bicicleta. A 4 Km. de la capital les esperaban Eloy Pá, Blecua, Bescós, Gascón y Dessy. Después de tomar unos vasitos de dulcete (vino) se dirigieron al «Club Velocipedista Oscense» situado en el Coso.

El local de la Sociedad tenía con una gran sala con 50 ó 60 máquinas de todos los sistemas y un gimnasio con diversidad de aparatos. En el local también había salón para café y billar, y otros espacios para vestirse, lavabo y cocina.

De allí partió hacia Zaragoza, ciudad en la que después de haber existido el club más espléndidamente instalado de España, el movimiento velocipedista prácticamente había desaparecido a comienzos de la década de los años noventa. Ya no existía el club y los pocos velocipedistas que todavía no habían vendido su máquina, apenas hacían uso de ella y hasta parecía que les avergonzaba que les tuvieran como tales.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) En El Ciclista, nº 29, Barcelona, 15 de mayo de 1893.
(2) M. RICOL: “Excursión a Sariñena y regreso (Más de 100 kilómetros)”, en El Ciclista, nº 27, Barcelona, 16 de abril de 1893.
(3) Eloy Pá: “Desde Huesca”, en El Ciclista, nº 35, Barcelona, 15 de agosto de 1893.
(4) Claudio Rialp: El Ciclista, del 16 de marzo de 1893.

Publicado en “Domingo”, suplemento del Diario del Altoaragón, Domingo, 6 de junio de 1999

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Eclosión del velocipedismo

Corredores de biciclos y triciclos en la puerta de la primera Sociedad de Velocipedistas de Zaragoza. Año 1882

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

En la segunda mitad del siglo pasado surgió el sport velocipedista. En Huesca apareció con prontitud gracias a Joaquín Costa, que envió a sus amigos oscenses, Larruga, Beltrán, Lasierra y Larrosa, un papel de fumar con un dibujo del prototipo de velocípedo que los hermanos Michaux presentaron en la Exposición Universal de París de 1867.

Bizén D’o Río, en un articulo etnológico, señalaba que "en enero de 1868 don Mariano Catalán ya construía la segunda máquina, tras haber fabricado y probado la primera o prototipo" (1). Así, el Altoaragón se convertía en la cuna del ciclismo español. El 20 de marzo de 1868, según D’o Río, don Gregorio Barrio y don Mariano Catalán, partieron a Zaragoza, "siendo ésta sin duda alguna la primera excursión velocípeda realizada en España".

Otro de los pioneros del ciclismo fue Manuel Ricol, considerado el "decano de los velocipedistas nacionales" o "apóstol del pedal"; en 1969 ya montaba en velocípedo. En 1876 se estableció como relojero en la ciudad de Barbastro y al poco tiempo fundaría el primer club velocipedista de Aragón (2).

Clubes o sociedades velocipédicas

Otros clubes o sociedades surgirían para fomentar este nuevo sport en Aragón: la "Sociedad de Velocipedistas de Zaragoza", el "Club Velocipedista Oscense" (constituido el 21 de octubre de 1889), el "Cicle Club Barbastrense" (fundado por Manuel Ricol en diciembre de 1893, tras la disolución del "Club de Velocipedistas de Barbastro, en abril del mismo año), "Huesca Ciclista", la "Sociedad Velocipedista de Huesca" (surgió en 1899), el "Club Velocipédico Turolense" (sociedad constituida en agosto de 1896 y presidida por Federico Puig, cónsul de la Unión Velocipédica Española) o el "Club Velocipedista de Ejea de los Caballeros".

A finales de septiembre de 1889, se celebró una reunión de velocipedistas y aficionados en el teatro Principal de la capital oscense. Los congregados, unos cincuenta, trataron la conveniencia de crear una sola y numerosa sociedad, y para ello nombraron una Junta directiva, constituida por Juan Antonio Palá (presidente), Gregorio Campaña (vicepresidente), José María Susiac y Miguel Ángel Espluga (vocales), Ramón Duch (tesorero) y Luís Esteban (secretario). Además se nombró una comisión compuesta de Rafael Acebillo, Arturo Franco, Vicente Galbe y Juan José Guillén con objeto de reformar y redactar los estatutos que debían regir la naciente sociedad.

Luís Gracia, en el artículo citado, nombra a todos los fundadores del "Cicle Club Barbastrense", algunos vecinos de localidades próximas como Lascellas o Angüés. El Club estaba presidido por Manuel Ricol; el secretario era Benito Ferrando; tesorero, Luís Sambeat, y vocales, Antonio Grúas y Ramón Beso.

La primera junta directiva de la "Sociedad Velocipedista de Huesca" estaba formada por Gregorio Campaña, presidente; Rafael Acebillo, vicepresidente; contador, Juan José Guillén, y secretario, José Mª Álvarez.

Las primeras carreras

En 1886, durante las fiestas del Pilar de Zaragoza, se disputaron por primera vez en Aragón las espectaculares carreras con velocípedos (biciclos, bicicletas, triciclos, tricicletas y tandems), ante un inmenso gentío que se congregó en el paseo de Santa Engracia. Entre los vencedores ya comenzaron a destacar algunos afamados velocipedistas: Manuel Ricol, Mariano Bellostas y Manuel Jordán, los tres de Barbastro.

Bellostas venció en la carrera "Regional biciclista", de 2.000 metros, y se clasificó en segundo lugar en "Regional triciclista", también de 2.000 metros, y en la "De seguridad". Ricol obtuvo el primer lugar en la "Regional triciclista", y Jordán sería segundo en la "Regional biciclista".

En las carreras nacionales ("Gran nacional", de 4.000 metros; la "Nacional de triciclos", de 3.000 metros, y la "De seguridad") obtuvieron los primeros premios corredores de Madrid. Se esperaba que, además de los madrileños y barbastrenses, participasen en estas pruebas velocipedistas de los clubes existentes en Bilbao, Sevilla, Cádiz, Valladolid y Santander.

Dos de las carreras que se consideraban las más importantes, el "Gran handicap" y el "Gran concurso de agilidad y destreza" no pudieron celebrarse porque el público invadió la pista, siendo imposible contenerle. El "Gran handicap" era una carrera de 2.000 metros en la que participaban todos los corredores que habían tomado parte en las carreras anteriores.

En las Condiciones o normas que regían las carreras, se especificaba que se utilizaría el reglamento de la Sociedad de Madrid. Había que vestir "traje de rigor", no se exigía "matrícula" o tasa de participación y se reglamentaba el color del traje y la altura del velocípedo.

En 1887, siguiendo el ejemplo de la capital aragonesa, el paseo del Coso de Barbastro acogería las carreras de biciclos, bicicletas, tandems y de cintas. Participaron diecinueve corredores; diez de Barbastro y el resto de Zaragoza. Algunos de los barbastrenses fueron: Ricol, Bellostas, Pallás, Cáncer, Gimeno, Ferrer, Artero...

Al final de las carreras todos los velocipedistas participaban en la carrera de cintas; en esta ocasión las mujeres de Barbastro habían bordado sesenta cintas para que se las disputasen los corredores.

En 1888 también se organizaron pruebas similares durante las fiestas de San Lorenzo. Las presenció numeroso público, que de antemano había ocupado las tribunas levantadas en medio de árboles y en puntos elevados. Ganaron los primeros premios Campaña, de Huesca; Arnillos y Bellostas, ambos de Barbastro, y los zaragozanos Artier y Baraza. Otros premios fueron obtenidos por Bescós, Soteras, Ostalé, Miravete, Navarro, Ramos y Azcarazo. Al final, todos participaron en un carrousel o carrera de cintas muy animada, en la que se apreció que los velocipedistas del club de Zaragoza tenían más práctica.

Los grandes vencedores de estas carreras fueron Baraza y Gregorio Campaña, a ambos se les obsequió con una serenata.

Las carreras de velocípedos de 1888, en Huesca, despertaron una gran afición entre los jóvenes; ir en estos artilugios se consideraba una diversión y, a la vez, un ejercicio higiénico. A los pocos días, después de celebrarse las carreras de las fiestas de San Lorenzo, se constituyó un club velocipedista.

Otras pruebas

El 15 de marzo de 1889, según recogía Luís Gracia Vicién en el artículo citado, Ricol hace 252 kilómetros 700 metros en 20 horas y 32 minutos, al pretender batir el récord de 24 horas de Enrique Marzo, de 287 kilómetros; desgraciadamente Ricol abandonó la carrera antes de tiempo, pues equivocadamente creyó que el récord era solamente de 250 kilómetros; de otro modo tenía la convicción de alcanzar la distancia de 300 kilómetros en 24 horas.

Esta heroicidad debió tener trascendencia en el ambiente velocipedista, a juzgar por la noticia que recogía el diario La Derecha en septiembre del mismo año:

"El pasado domingo y con el objeto de disputar al señor Ricol de Barbastro el premio que otorga la sociedad de velocipedistas madrileña al que en menos tiempo recorriera 252 kilómetros 700 metros, salió de Huesca el velocipedista D. Gregorio Campaña, haciendo la trayectoria en 19 horas y 53 minutos, o sea en 39 minutos menos que su compañero de Barbastro; siendo de advertir que dicha carrera hubiera podido realizarla en mucho menos tiempo, a no impedirlo no solamente lo accidentado del terreno, sino también el viento huracanado que en muchas ocasiones le impedían dar toda la velocidad que deseaba a su máquina, originándole en una ocasión una fuerte caída que le produjo algunas contusiones, lo que no impidió que el señor Campaña continuara la carrera, aunque no pudo hacerlo con la celeridad que hasta entonces.

A pesar de estos accidentes el tiempo empleado por el señor Campaña, de Huesca a Canfranc, ha sido el de ocho horas y 41 minutos, incluyendo en ello el tiempo necesario para su alimentación y para recoger las firmas que atestiguaran su triunfo" (3).

Ricol aún establecería más records: 100 kilómetros en 5 horas 48 minutos (29 de junio de 1890); recorrido de 102 kilómetros de Barbastro-Huesca-Barbastro, en 5 horas 10 minutos (agosto de 1890), entre otros.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Bizén D’o Río: "La bici", en Cuadernos Altoaragoneses, nº 147, 6/V/90.

(2) Ver el artículo de Luís Gracia Vicién: "Manuel Ricol, un sportman barbastrense del siglo pasado", en Diario del Altoaragón, 10 agosto de 1897.

(3) "Noticias de Aragón", en La Derecha, 18 de septiembre de 1889.

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 14 de abril de 1996

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El ideal del deporte universitario


Unión Deportiva Universitaria. De izquierda a derecha, de pie: Soralvos, Echevarría, Garzavarin, Moreno, Urbina, Gobeo;Paráis;Santías, Arrostegui. Sentados: Altolaguirre, Recondo, Albea. Foto: El Noticiero.

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

A partir de una serie de artículos publicados en la prensa, en 1924, nos enteramos de cómo surge el deporte en la Universidad, especialmente el relacionado con Aragón; es decir, de la Universidad de Zaragoza, que, como veremos, repercute en la Universidad española. Estos textos también nos aportan información sobre el modelo que caracterizaba al deporte universitario.

Dos fenómenos influyen en la evolución inicial de este deporte: el excesivo protagonismo del fútbol y su profesionalismo.

La primera universidad deportiva

La Universidad de Zaragoza fue la primera en España en apoyar y proteger el deporte a través de la "Sociedad Deportiva Universitaria". La idea de fundar una sociedad deportiva, formada sólo por estudiantes, surgió de un grupo de jóvenes en junio de 1922. Se inspiraba en el ideal "amateur" o aficionado, incompatible con el que se empezaba a desarrollar en la mayoría de las sociedades deportivas de la época.

En los comienzos, unos pocos socios constituyeron una sociedad que llamaron "Iris", por reunir en su distintivo los colores de las diversas Facultades, que se fundían como los colores del éter en el blanco de sus camisetas. Estos jóvenes, que iniciaron su dedicación al deporte activo en las arboledas del Ebro, pronto serían reconocidos por la Universidad de Zaragoza, constituyéndose la "Sociedad Deportiva Universitaria".

El impulso de esta formación deportiva vino acompañado de hombres encomiables, como don Ricardo Royo, don Inocencio Jiménez, don Miguel Allué y el que fuera destacado deportista don José Mª Gayarre.

Los ideales que les unían podían simplificarse en dos propuestas: el triunfo del "amateurismo" y el mejoramiento de la raza. Para alcanzar estos objetivos se habían fijado un lema: "Sin feinn" (nosotros mismos).

Éxitos deportivos

La "Deportiva Universitaria" dedicó sus primeros esfuerzos a la práctica del fútbol, en contra de la opinión que algunos tenían de este deporte; había quien consideraba que el fútbol era apasionante y un poco brutal, y, por tanto, indigno de ser patrocinado por los centros de cultura, como son las Universidades. En su favor estaban los que concebían una universidad deportiva, similar a las célebres de Oxford, Cambridge, Yale o Harward.

En su segundo año de vida, con el fútbol se alcanzó el segundo puesto en la categoría más alta del fútbol aragonés, el Campeonato de la Primera Categoría, serie A, de 1923/24. No obtuvieron el primer puesto, que merecían, según la opinión de Castor y Polux (1), por "la desgracia y las intrigas".

Estas y otras razones (egoísmos, intrigas y profesionalismo) motivaron su separación de la Federación Aragonesa de Fútbol, ya que consideraban que todo esto era incompatible con la misión de la "Deportiva Universitaria".

Otro de los deportes que se iniciaron con relativa pujanza en la época fue el atletismo. Pocos universitarios lo practicaron en sus comienzos, pero los resultados fueron excelentes. En la "Gran Semana Deportiva", organizada por la Comisión de Atletismo de la Asociación de Cultura Física, coincidiendo con las fiestas del Pilar de 1922, participaron dos atletas: Tomás Indart logró ganar al veterano Aznar en los 100 m., quedando campeón, y Jesús Valdés venció en salto de altura, batiendo el récord, elevándolo a 1,62 m.

En 1923, en los primeros campeonatos oficiales de Atletismo, Valdés obtuvo el triunfo en salto de altura y 800 m., y representó a Aragón en los Campeonatos nacionales, disputando las pruebas de 400 m., 800 m., relevos, salto de altura y triple salto. En salto de altura se clasificó segundo en el Campeonato de España. En 1932 todavía se estimaba que sus marcas de altura (1,69 m.), salto de pértiga (2,89 m.) y triple salto (12, 13 m.) eran las mejores realizadas en Aragón hasta el momento.

También hubo participación universitaria en natación; Hilario de la Figuera triunfó en 1923 en una prueba de neófitos disputada en San Sebastián, consistente en la travesía del Urumea.

En "tennis" todavía no habían competido oficialmente, pero ya había muchos estudiantes que practicaban este deporte.

La Universidad se convirtió en poco tiempo en una cantera de deportistas, de la que se fueron nutriendo las sociedades deportivas. Frente a las discusiones en torno al profesionalismo ocioso del deporte, que se extendía por toda España, en la Universidad se trabajaba por una "labor educativa de la inteligencia deportiva del joven español en dos sentidos: el moral y el físico." Joaquín Mateo (2) lo justificaba diciendo que "los deportes, desgraciadamente en nuestras tierras, han caído en poder de especuladores, que abren sus productivos o ruinosos negocios -que de todo hay- con el nombre de entidades que merecían por sí solas el mayor respeto a que son acreedoras en sus empresas netamente altruistas, puramente románticas...".

La separación de la Federación, del equipo de fútbol de la "Universitaria", supuso que sus jugadores marchasen a otras sociedades; el equipo más beneficiado fue el "Iberia". Muchos creían que la causa de la "desfederación" había que buscarla en no disponer de campo de juego en condiciones. El verdadero motivo era el del "profesionalismo".

Castor y Polux lo dejaba bien claro; "había que huir del peligro por dos razones: porque nuestro ideal era con él incompatible; porque profesionales ya, no hubiéramos hecho más que lo que cualquier otra sociedad mal titulada deportiva: fútbol nada más" (3).

Proyectos de la Universidad de Zaragoza

La Universidad de Zaragoza, es decir, La "Deportiva Universitaria" preparaba en 1924 la creación de nuevas secciones deportivas: de "basket-ball", natación y remo.

Es la primera vez que encontramos una referencia al "basket", o baloncesto (4), en Aragón. La Universidad ya tenía terrenos para practicar este deporte y había conocedores del juego (5).

Para ejercitar la natación se pensaba en la construcción de una gran piscina universitaria, y mientras tanto el Ebro serviría de amplio campo de entrenamiento. Y para el remo se iba a solicitar permiso, con la intención de disputar regatas ese mismo año en el Ebro; sólo era necesario encargar yolas y esquifes.

También se pretendía reformar las secciones de "foot-ball", "tennis" y atletismo. Se estaban realizando reformas en un campo que se había arrendado en el Arrabal para jugar al fútbol, donde se jugarían partidos con otros equipos universitarios. Se proyectaba aumentar el número de pistas de tenis existentes en la Residencia de Estudiantes, y, respecto al atletismo, querían que su práctica se extendiera entre todos los socios, no con vistas a los campeonatos, sino a la cultura física, construyendo un gimnasio y pistas de carreras. A través del atletismo intentaban observar el desarrollo del organismo de sus practicantes, con controles al inicio y final del curso.

Otros proyectos, que llegarían a hacerse realidad, están vigentes en la actualidad, aunque no con el grado de cumplimiento que se pretendía: "Reunión de una Asamblea nacional de Universidades, en la que quedaría constituida la Federación Nacional Deportiva Universitaria, que laboraría intensamente favoreciendo las relaciones entre las universidades españolas y entre éstas y las extranjeras".

La lista de objetivos continuaba con otras intenciones: Organizar una gran semana deportiva. Intensificar la acción deportiva universitaria en las escuelas especiales, institutos y colegios. Y la creación de campeonatos nacionales universitarios de varios deportes.

Corazón y cerebro

Según las ideas expuestas por Castor y Polux (6), el hombre no sólo necesita la fuerza, la habilidad o la destreza para practicar debidamente el deporte; necesita además el corazón y el cerebro, factores que se encuentran desarrollados principalmente entre los estudiantes. "Corazón para luchar por la gloria del deporte, por el esplendor de la patria y por el triunfo del ideal; cerebro, para saber dar a sus empresas la prudencia necesaria, la sagacidad precisa que los haga triunfar en todos los obstáculos".

Estas trasnochadas ideas justificaban que los escolares fueran excelente materia para convertirlos en hombres fuertes, sanos y propagandistas entusiastas y desinteresados del deporte. Asimismo, se vinculaba el deporte a la raza y a la disciplina. Por último, toda esta labor debía llevarla a cabo el Estado y la Universidad, conjuntamente con Institutos, escuelas y colegios.

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Castor y Polux: "La «Deportiva Universitaria» y sus triunfos", en El Noticiero, 12 de agosto de 1924.

(2) Joaquín Mateo Linares: "La Universidad y los deportes (I)", en El Noticiero, 9 de septiembre de 1924.

(3) Castor y Polux: "Cruzada deportiva III. Programa deportivo universitario", en El Noticiero, 16 de septiembre de 1924.

(4) El baloncesto fue inventado en 1891 por J. Naismith, en EE.UU. Los soldados americanos que participaron en la Primera Guerra Mundial lo dieron a conocer en Europa. En España se comenzó a practicar en 1922; el escolapio Eusebi Millán lo aprendió en Cuba y lo enseñó a sus alumnos del colegio Sant Antoni de Barcelona.

(5) Hasta 1925 se jugaba con equipos de siete jugadores y en terrenos de fútbol, con los paneles fijados encima de las porterías (F. Santos Vázquez Rabaz: Baloncesto básico. Alhambra, Madrid, 1986, p. 4.).

(6) Castor y Polux: "Cruzada deportiva IV y última. El porvenir de la raza y el deporte universitario", en El Noticiero, 30 septiembre de 1924.

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 1 de marzo de 1998

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sábado, 18 de abril de 2020

Atletismo pre-federado: Las sociedades deportivas


Alberto Murillo, de Leciñena, venciendo en una “Vuelta a Zaragoza”

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

Las Sociedades deportivas, y algunas personas dedicadas a la Gimnástica o Educación Física, fueron las principales impulsoras del Atletismo Federado. Su labor tendría como fruto la aparición de la Federación Aragonesa de Atletismo en 1923; el camino hasta su constitución no sería fácil y sufrirían muchas vicisitudes.

Los festivales sportivos
Del mismo modo que en Huesca, con las fiestas de San Lorenzo, las fiestas del Pilar de Zaragoza fueron el marco más importante en el que se dieron a conocer las diferentes modalidades que aparecían en el incipiente deporte aragonés.

En las fiestas del Pilar de 1901, con motivo de celebrarse en la capital aragonesa la asamblea de la Federación Gimnástica Española, en la que participaba como delegado del comité provincial D. Santiago Ramón y Cajal, entre otros, dicha Federación Gimnástica organizó un amplio programa deportivo con tiro nacional, ciclismo y gimnástica (gimnasia escolar, higiénica-pedagógica, militar, artística o acrobática y un concurso individual).

En las pruebas de Gimansia militar, artística y en el concurso individual, se programaron algunas atléticas: carreras de obstáculos, de velocidad y de resistencia, saltos de altura y de longitud, lanzamiento de un peso, etc. Además, el concurso individual tenía categoría de Campeonato de España.

La programación de pruebas que podemos considerar relacionadas con el atletismo fue escasa en estos años, y las pocas que se celebraron estuvieron organizadas por sociedades deportivas dedicadas a otros deportes o por la Sociedad Gimnástica.

En 1906, en el programa de carreras ciclistas de las fiestas del Pilar, organizado por la Sociedad Velocipédica Zaragozana conjuntamente con la Comisión de festejos de Comercio, se incluía una carrera pedestre de velocidad para mayores de 16 años. La distancia era de 2.000 m., y obtuvo el primer premio, consistente en 30 pesetas, Sebastián Ruiz; en segundo lugar llegó José Ruiz.

En 1914, Julio Pérez Larrosa, vicepresidente de la Sociedad Gimnástica de Zaragoza, organizó un festival denominado "Juegos Olimpicos", subvencionado por la Comisión de Fiestas de Zaragoza. El jurado de las pruebas estaba constituido por miembros de la Sociedad Gimnástica, del Comité de Exploradores, de la sociedad ciclista "El Pedal Aragonés", del Tennis-Club, del presidente de la R. S. de San Sebastián (equipo de foot-ball que disputó un partido contra una selección de la Gimnástica) y representantes de los profesores de gimnasia.

Las pruebas atléticas que se programaron fueron: salto de longitud con impulso (1º, Manuel Rodríguez, 6’60 m.; 2º, José Ocáriz, 4’60 m., y 3º, Camilo Dalmau), salto de altura con trampolín (1º, Manuel Mingull, 2’21 m.; 2º, Eduardo Vecino, 2’16 m., y 3º, Rafael Codina, 2’10 m.), salto con pértiga (1º, Mariano Fustel, 2’65 m.; 2º, Angel Viñano, 2’50 m., y 3º, Carlos Pereira, 2’25 m.), carrera de velocidad de 100 m. (premio único, José Gómez Segura), carrera a la americana de 2.000 m. por parejas (1º, equipo amarillo formado por Gómez y Montagud, y 2º, equipo rojo, formado por Conde y Oscariz), lanzamiento de disco (1º, Fructuoso Orduna, 27 m.; 2º, Manuel Rodríguez, y 3º Rafael Montagud) y lanzamiento de barra (1º, Vicente González, 22 m.; 2º, Manuel Bazán, 21 m., y 3º, Andrés González, 19 m., con barra de 6’42 kilógramos).

Para algunos, estos "Juegos Olímpicos" fueron los que dieron impulso a la Federación. A ellos se hacía referencia cuando se constituyó en 1923. Durante este periodo todavía se disputaron otras pruebas atléticas. En septiembre de 1915 los exploradores de Zaragoza organizaron un concurso de carreras, saltos de altura y de anchura...

En agosto de 1919 Pepe de Miguel se proclamó campeón de Zaragoza en una carrera pedestre de 8.500 m., seguido de F. de la Torriente y de Dolset, Los tres fueron los únicos participantes en la prueba.

Federación de Sociedades Deportivas

En este año de 1919 se constituyó en Zaragoza la Federación Local de Sociedades Deportivas, con el fin de unificar voluntades y sin perder cada componente su independencia. Del atletismo se decía en la prensa que "estamos casi en mantillas". La idea era que esta Federación tratara de llevar a cabo una labor seria y efectiva para impulsar el deporte en Zaragoza y para que mereciera la atención y el favor del público, y de las entidades oficiales, como el que ya gozaban en otras capitales.

La justificación por la falta de atención que debía merecer el deporte, por quienes tenían el deber de hacerlo, parecía clara para los comentaristas deportivos: "Lo que pasa es que como no da votos, ni sirve para los trapicheos de la política...".

Con el profesor de gimnasia Julio Pérez Larrosa como presidente, se eligió el periodo de fiestas del Pilar de este año para comenzar su labor, organizándose una carrera pedestre de 5 kilómetros, el Campeonato ciclista de Aragón y un partido de Fútbol.

Goal, en las páginas de El Noticiero (7-10-1919) escribía: "Por ser la primera vez que se celebra una carrera de esta índole, revestirá los caracteres de un acontecimiento, porque además ponen todo su empeño en ello los organizadores". Se inscribieron más de treinta corredores, "entre ellos dos de Montañana que corren de veras".

Al mes siguiente, con motivo de la inauguración del "Campo Fuenclara", se preparó un programa deportivo y, entre las pruebas consideradas de atletismo, se compitió en: salto de altura, lanzamiento de barrón, ejercicios de paralelas, carrera a la americana y tiro de cuerda.

Sin embargo, la Federación de Sociedades Deportivas no funcionaba como se esperaba, según se observa en las críticas severas de Kor-ner, en el Heraldo de Aragón (1-1-1920): "Por falta de ánimo en ustedes se ve la Federación de Sociedades Deportivas, a la que dirigen sin entusiasmo alguno, sumida en un sueño que amenaza más largo que la huelga de tranviarios" (los tranviarios llevaban bastante tiempo en huelga).

Aragoneses al Campeonato Nacional de Cross

El II aniversario de la fundación de la "Sociedad Deportiva Fuenclara" se festejó, en septiembre de 1920, con un programa deportivo social de foot-ball y pruebas atléticas: pedestrismo, salto de altura y longitud con y sin impulso, velocidad, lanzamiento de peso y disco, y tración de cuerda.

En marzo de 1921 reinaba gran entusiasmo en las Sociedades Deportivas por celebrarse un cross-country de selección para asistir al VI Campeonato Nacional de Cross. Era la primera vez que se iba a participar en pruebas de categoría nacional.

El recorrido del cross era de 10 kilómetros y al final no acudieron algunos de los corredores que se esperaban, quizá debido al viento infernal que soplaba. Los tres primeros clasificados fueron José de la Fuente, del Fuenclara F.C.; José de Miguel, del Iberia S.C., y Vicente Sanjuán, del Fuenclara F.C.. Los otros representantes aragoneses que acompañarían a los anteriores al Campeonato Nacional, que se celebraría en Santander, fueron Dionisio Magén y Ricardo Oliván.

En 1921, el Ibero Sport Club y el Club Deportivo Fuenclara organizarían nuevos crosses. Con frecuencia, la influencia de Zaragoza hacía pensar que lo que se hacía allí era lo único que había en Aragón, y que se confundiera la actividad local con la regional.

El 27 de diciembre de 1921, en el Heraldo de Aragón, se criticaba nuevamente a la Federación: "Se da como cierto que se va a constituir nuevamente y por milésima la Federación Aragonesa de Clubs Deportivos". Entraban en los planes de los directivos el enviar representantes al VII Cross Nacional que se celebraría en Alicante.

Con motivo de las fiestas del Pilar de 1922, la comisión de Atletismo de la Asociación de Cultura Física (denominación que debió tomar la anterior Federación) organizó una competición de pruebas atléticas dentro de la denominada "Gran Semana Deportiva".

En el reglamento de las pruebas, el artículo segundo decía: Para estas pruebas podrán inscribirse: a) Todos los atletas de las Sociedades Federadas. b) Todo individuo que demuestre no ser profesional. Las pruebas eran: 100 m., 1.000 m. a la americana con relevos y por equipos de cuatro, salto de longitud, salto de altura, lanzamiento de disco y de barra, cross de 6.000 m. y 80 m. vallas.

Las mismas personas entusiastas, que ya venían dedicando su tiempo y trabajo por el fomento del atletismo, serían las que con su aliento y estímulo pusieran en marcha, al año siguiente, la Federación Aragonesa de Atletismo.

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 9 de octubre de 1994

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75 Aniversario de la Federación Aragonesa de Atletismo



Selección Aragonesa de Cross en el Campeonato de España de Cross de 1945, celebrado en Lasarte. De izquierda a derecha, Paco Binaburo, Cipriano Romeo, Alberto Murillo, Tomás García, Pedro Sierra, Luis Royo, Rodolfo Antón, Rafael Bielsa y Sender.

DEPORTES Y JUEGOS TRADICIONALES

Por José Antonio ADELL CASTÁN y Celedonio GARCÍA RODRÍGUEZ

A finales de mayo de 1998 se cumplía el 75 Aniversario de la creación de la segunda Federación deportiva más antigua de las existentes en Aragón, la Federación Aragonesa de Atletismo. Poco más de un año separa el nacimiento de esta Federación con la pionera Federación Aragonesa de Fútbol.

Diversos acontecimientos contribuyeron a su fundación: los programas deportivos de la segunda década de este siglo (organización de carreras pedestres en grandes ciudades, festivales deportivos...), los resultados obtenidos por Dionisio Magén en los campeonatos nacionales de cross (que indirectamente influyeron en todos los deportes, incluido el fútbol), y el impulso dado por un puñado de directivos y aficionados a los deportes, creando sociedades deportivas, asociaciones o federaciones de sociedades y por último las federaciones deportivas.

Los inicios de la Federación de Atletismo no fueron fáciles; hubo cortas etapas de inactividad debido a la escasez de medios económicos, aunque también influyó en su medida la desidia y la falta de directivos. No obstante, la Federación fue superando todos los obstáculos, haciendo historia y aportando lo mejor de sí al Atletismo español.

El origen del atletismo aragonés

Hasta los primeros años de este siglo el atletismo, propiamente dicho, no existía en Aragón. A finales del siglo pasado comenzaron a surgir las primeras sociedades deportivas (Velocipédica, Gimnástica, Lawn-tennis, Exploradores, Pedal Aragonés, etcétera), colaborando u organizando carreras pedestres aisladas y festivales deportivos, en los que se incluían pruebas atléticas.

Al margen de estos "sports modernos", existía un "deporte popular" o tradicional que nutrió al incipiente, aportando sus especialidades (tiro de barra, tiro de soga, salto a pies juntos, triple salto aragonés...) y sus elementos, principalmente corredores de resistencia curtidos en las populares corridas de pollos que se disputaban por todo Aragón.

Del mismo modo que la historia del atletismo moderno se remonta a la Grecia Antigua y a los célebres juegos que se disputaban en Olimpia, la historia del atletismo aragonés debe retrotraerse siglos atrás, puesto que en Aragón ha habido personajes célebres y existen leyendas tan hermosas como la legendaria carrera del soldado Filípides, que dio origen a la prueba de la maratón.

La carrera a pie más antigua que conocemos se celebró en Monzón el año 1585, con motivo de la visita de Felipe II para celebrar las Cortes del Reino.

Varias carreras tienen su origen en bellas leyendas. En Aínsa todavía se conserva la "carrera de la cuchara", surgida de una leyenda medieval: los cristianos vencieron a los sarracenos y un soldado corrió a anunciar a la condesa la victoria, ésta se hallaba comiendo y agradecida por el esfuerzo del soldado le entregó su cuchara de plata.

La "carrera de las peras" de Adahuesca se basa en otra leyenda del siglo XVIII. Las dos últimas pobladoras de la Sierra de Sevil fueron recogidas en Adahuesca. Antes de morir pidieron dos favores y a cambio donarían al pueblo todas sus tierras; en uno pedían que el día de Santa Ana se celebrara el "corre peras": los niños corren por parejas para ganar las peras que previamente han sido bendecidas. En el siglo pasado se vivieron históricas carreras, como la celebrada en octubre de 1882 en la Plaza de Toros de Zaragoza, donde Mariano Bielsa y Latre, apodado "Chistavín" de Berbegal, vencería al italiano Aquiles Bargossi, considerado el mejor andarín del mundo.

En 1908 se celebró en Huesca el "Primer Campeonato Provincial de Carreras Pedestres", que, en 1913 pasaría a tener categoría de "Campeonato Regional".

Otras carreras similares se disputaron en Zaragoza con motivo de las fiestas del Pilar. También se organizaron festivales atléticos como el denominado "Juegos Olímpicos" de Zaragoza en 1914, que fueron creando una nueva conciencia deportiva.

Dionisio Magén, precursor se la Federación

Durante las zaragozanas fiestas del Pilar de 1919, la recién creada "Federación de Sociedades Deportivas" organizó una carrera pedestre de 5000 m. en la que se inscribieron más de 30 corredores, entre los que se destacaba a dos de Montañana, que, según se decía, "corren de veras".

Los organizadores obtuvieron un gran éxito y Dionisio Magén, uno de los de Montañana, hizo honor a la fama que le precedía al vencer una de las carreras más importantes de cuantas se habían celebrado en la capital.

A primeros de marzo de 1920, Goal, desde las páginas de El Noticiero, criticaba que, a pesar del éxito de la carrera del Pilar y de que se constituyera la Federación local de entidades deportivas, ningún aragonés figurase entre los inscritos al "V Cross-country Nacional", que se iba a celebrar el 28 de marzo de 1920 en Bilbao, y proponía que se entrenara a los dos corredores de Montañana para llevarlos a Bilbao.

La propuesta de Goal se puso en práctica y Dionisio Magén acudió a Bilbao, costeándole el viaje un grupo de entusiastas aficionados. Iba a ser la primera vez que un aragonés participaba en esta prueba.

Magén tuvo que luchar contra todo tipo de inconvenientes; falto de entrenamiento, corría por primera vez fuera de casa y en pruebas de tanto nivel, pero consiguió el séptimo lugar, compitiendo con las "estrellas" del pedestrismo: Muguerza, Domínguez, Lequerica, Macagera, Peña, Calvet y otros muchos.

Su triunfo hacía concebir esperanzas para el cross del año siguiente. Goal aprovechaba la ocasión para lanzar nuevas consignas: "La mejor manera de conmemorar el éxito obtenido debe ser levantar el espíritu y constituir inmediatamente el Comité Atlético (...). ¿Es mucho pedir que para el futuro «Cross-country» presentáramos un equipo y luchásemos como una Federación más?".

En mayo de 1920, durante las Fiestas de Primavera de Zaragoza, se celebró otro "cross-country" en el que volvió a vencer Magén. También se organizaron unos "Juegos Olímpicos" en los que Magén volvió a ser la principal atracción.

Estos éxitos no evitaron que la Federación de Sociedades deportivas se sumiera en continuos letargos; se aproximaba la fecha del "VI Cross Nacional" y nada se había vuelto a saber de los corredores. Las críticas obligaron a la Federación a organizar un cross una semana antes del Campeonato Nacional. Los tres primeros clasificados representarían a Aragón, completando el equipo Dionisio Magén.

Por falta de medios económicos se abrió una suscripción para recaudar dinero que cubriera los gastos del viaje a Santander. Los representantes de Aragón fueron: Dionisio Magén, José de la Fuente, Ricardo Oliván y Vicente Sanjuán.

La clasificación de los corredores aragoneses fue aceptable, aunque Magén y Ayuda, en quienes se habían puesto esperanzas halagüeñas, fueron totalmente desentrenados. Magén llegó en el puesto 21 y Ayuda en el 43.

A lo largo del año se celebraron varios croses en Zaragoza; también se organizaron carreras pedestres en el descanso de algunos partidos de fútbol. Los resultados del Cross Nacional animaron a las sociedades deportivas. Hasta llegó a plantearse la celebración de un campeonato regional de atletismo.

Las fiestas de primavera de Zaragoza de 1922 acogieron nuevas pruebas olímpicas y un cross-country, en el que volvió a vencer Dionisio Magén. Otras pruebas similares se celebraron para el Pilar (saltos de altura, con pértiga, triple salto aragonés, carreras de 100 m., de 80 m. con vallas, carrera americana de 1000 m., de 150 m., lanzamiento de disco, peso y barra, tracción de cuerda, campeonato regional de boxeo y cross-country infantil).

Triunfo de Magén y nacimiento de la Federación

El despertar atlético motivó la creación de la "Unión Atlética Aragonesa", una sección de Atletismo de la "Asociación Aragonesa de Cultura Física", que el 7 de enero de 1923 se disponía a celebrar sus primeras pruebas oficiales, consistentes en dos carreras de 100 y 5000 metros. Podían concurrir todos los atletas que pertenecieran a los clubes que integraban la U.A.A. y las marcas que se obtuvieran serían consideradas como "records" regionales.

Sin embargo, los principales esfuerzos de la novel U.A.A. se iban a centrar en preparar un equipo que representara a Aragón en el Campeonato Nacional de Cross. Con este fin se celebraron siete croses y el denominado Cross regional de Aragón.

En el "VIII Cross Nacional" Dionisio Magén volvió a tener una brillante actuación, clasificándose en séptima posición. Pero el resultado no colmó los anhelos de Magén, que lloraba con rabia al ver los puestos que había perdido durante la última parte del recorrido, en la que tuvo que pararse tres veces a causa de dolores agudísimos en el costado, impidiéndole llegar en segundo lugar.

Los corredores fueron homenajeados en Aragón, disputando varias carreras en los intermedios de los encuentros de fútbol. También hubo carreras de velocidad, saltos y lanzamientos.

El brillante resultado obtenido por Magén, y la buena clasificación del equipo en los campeonatos nacionales de Cross, contribuyó a que las sociedades deportivas fueran convocadas a junta a finales de mayo de 1923, constituyéndose la Federación Aragonesa de Atletismo, que se afiliaba a la Federación Atlética Nacional.

El comité directivo lo formaron los siguientes señores: Presidente honorario, don Julio Pérez Larrosa; presidente, Jesús Valdés, de la S.D. Universitaria; secretario, Carlos Aznar, del Iberia S.C.; vicesecretario, Amadeo Rey, del Fuenclara; Tesorero, Antonio Sánchez, del Aragón; contador, Silverio Mauleón, del Águila, y un vocal por cada una de las demás sociedades unidas a esta Federación.

Los fines que perseguía esta nueva Federación consistían en organizar pruebas y campeonatos, con objeto de que se tomara parte en concursos y pruebas nacionales, continuando la labor que empezaron los corredores en el último "cross country" nacional celebrado en San Sebastián. El comunicado de la Federación que daba a conocer estos fines concluía diciendo: "atletistas de Aragón los hay, quien lo duda; con que a entrenarse y a que sepan en España entera lo que son los atletistas aragoneses".

Publicado en “Cuadernos Altoaragoneses” del Diario del Altoaragón, Domingo, 7 de junio de 1998

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