jueves, 20 de diciembre de 2012

Tiempo de Navidad en el Alto Aragón

En San Juan de Plan el día 18 se celebraba la "Ferieta de Navidad". Foto: J.A. Adell

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Por José Antonio ADELL y Celedonio GARCÍA

Hoy ha nacido en Belén,
segunt el ánchel lo dixo,
porque haber paz en esta tierra
non puede si no está Cristo.
(Ana Abarca de Bolea.
Baile pastoril al nacimiento. Siglo XVII)

Cada año van cambiando más las fiestas navideñas, sin embargo hay elementos que perviven heredados de la tradición ancestral.

Durante el mes de diciembre los niños son protagonistas de varias festividades: San Nicolás, Santa Lucía, Navidad, los Santos Inocentes y San Silvestre, precediendo al que será su gran día, la llegada de Reyes.

Muchos signos nos anuncian la llegada de la Navidad: adornos, iluminaciones, belenes, árboles de Navidad, la lotería, los villancicos, el turrón... y el excesivo consumismo. Antes, el aprovisionamiento para estos días se hacía, en parte, en las ferias.

En San Juan de Plan, el día 18, tenía lugar la "Ferieta de Navidad"; en Huesca, el día 21, festividad de Santo Tomás y coincidiendo con la entrada del invierno, se celebraba la feria de pavos y caprina. Antes de que quedase reducida a un mercado al que acudían vendedores de los pueblos vecinos y compradores de la ciudad, por las calles desfilaban manadas de pavos, conducidas por el "tío de la caña". Tampoco faltaba ternasco, vinos atelareñados y preciosas cestas de aguinaldos.
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Tamarite de Litera. Foto: C. García

En Tamarite de Litera y en Barbastro se celebraban otras importantes ferias de ganados en esta misma fecha y, sin duda, servían para hacer acopio de cara a estas fiestas, o, como la de Sariñena, entre los días 26 y 31 de diciembre, dedicada al ganado mular, caballar y asnal, para dar sentido al universal refrán: "Año nuevo, vida nueva".

Antaño, el frío no impedía que se celebraran las ferias de Año Nuevo en Calasanz y las de Reyes en Peralta de la Sal, también conocida como “la fira dels tosinos”, por ser estos los animales más abundantes.
Coscojuela de Fantova. Foto: C. García

Nochebuena y Navidad
Las hogueras eran comunes en casi todas las fiestas, más aún en las de invierno, aunque la mayoría se perdieron con la pavimentación de las calles. En Coscojuela de Fantova las gentes del lugar se reunían en la Nochebuena entorno al calor de la hoguera para comer y beber. En Monesma la hoguera se encendía tras la Misa del Gallo y preparaban poncho, cantaban villancicos y repartían viandas. En Campo la hoguera que se enciende en la plaza permanece hasta Reyes.

Una de las tradiciones más comunes en muchos pueblos del Alto Aragón era la quema del "tronco de Navidad", "tronca de Navidad" (denominación que recibe en el Sobrarbe), o "cabirón" (tronco que, unido a la toza, sobresale del suelo una vez cortado el árbol), como se denomina en Robres y comarca. Carmelo Pérez recogía en El Pimendón el solemne rito del encendido con gran carga de religiosidad y sentido mágico: El jefe de la familia encendía el "cabirón", tras bendecirlo, rociándolo con un buen chorro de cazalla, que producía un fogonazo, y al grito de "¡cabirón, cabirón, caga turrón!" aparecían unas barras de turrón junto al fuego. El "cabirón" permanecía encendido casi todas las navidades.

En el Sobrarbe la "tronca de Navidad" se hacía durar hasta la Candelera y se guardaba una "tozeta" para echar al fuego cuando había tormentas.


Ansó. Foto: C. García

A este tizón de Navidad Violant y Simorra lo denomina "troncada de Nochebuena". En Ansó se dejaba ardiendo toda la noche para calentar al Niño Dios. En Baraguás se dejaba encendido hasta Reyes o la Candelaria. Al encender la "troncada", el dueño de la casa presignaba el gran tronco echándole con un porrón un chorro de vino en forma de cruz.

En los pueblos de la Fueva se santiguaba la tronca con un “pastillo” en la mano, mientras se rociaba la tronca y se recitaba:
Buen tizón, buen varón,
buena casa, buena brasa.
Dios bendiga los bienes de esta casa
y a los que en ella son.
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José María Castro relata como transcurrían estas fiestas en Azanuy: "Los días de Navidad se pasaban mol ben, a la vora del foc y dechós de la chuminera. Se minchaban figos secos y nous y tarrons y se bebeba un vino del cabo de casa. La Nochebuena se posaba en mich de la cocina la choca de Nadal, y la canalla estizoneaba, pa fé caure els tarrons y els confites, a la micha nit, s'anaba a la illesia a sentí la misa de gall; els mozos llevaban bona cosa de vixigas unflades, que ralentaban cuan alzaban a Dios...". Esta costumbre de explotar vejigas infladas se daba también en otros lugares, como Castejón de Monegros...

La "tronca" se denominaba "tronc, choca" por La Litera. Se solía tapar con un saco, ocultando golosinas, juguetes, turrones, etc. Con el atizador o con un palo se golpeaba el tronco entonanando una canción. Carpi recoge en Tamarite la siguiente copla:

"Tronc de Nadal
caga tarróns
y pixa ví blanc.
No cagues arengades
que son salades.
Caga tarróns
que son ben bons".

A principios del siglo XX las fiestas navideñas, en Huesca, eran populares como ninguna otra y se celebraban con gran animación. Tras la tradicional Misa del Gallo comenzaba la juerga callejera; cuadrillas de jóvenes tañendo bandurrias y guitarras, entre gritos, ruidos, algazara y buen humor, recorrían las calles. Las comidas extraordinarias eran comunes en todos los lugares, incluso en la cárcel, y los niños del Hospicio recibían diversos obsequios.

En Somanés se reunía todo el pueblo en la Nochebuena para beber vino quemado con mezcla de frutas (especie de zurracapote), asisten a la Misa del Gallo y después hacen la ronda por las calles cantando villancicos y pasando dos o tres veces por todas las casas del pueblo.

. Baraguás. Foto: C. García

Antiguamente, cuenta Violant i Simorra, se guardaba ayuno riguroso durante el día 24, víspera de Navidad, y lo poco que comían era condimentado con aceite. Al salir de la Misa del Gallo acababa la vigilia, restaurando los estómagos con las mejores viandas. En Baraguás hacían la colación familiar en torno a la gran "troncada de Navidad". Después de bendecir el tronco iniciaban la comida, que en la montaña se componía de la típica torta navideña, amasada expresamente para la fiesta, empainazos con espinacas, pastelillos de calabaza, bellotas dulces, peras asadas, higos secos, pasas, nueces y orejones.

Para estos días las mujeres de Valfarta solían elaborar empanadicos de cabello de ángel. En Alcalá del Obispo preparaban empanadones de calabaza y dobladillos. Pedro Arnal Cavero narra como las mujeres de Alquézar masan dos o tres días antes de la Navidad, "porque para Nochebuena ha de haber pan tierno, torta lagañosa, empanadizos con espináis y pastillos de calabaza de rabiqued, claro es que, además, guardan billotas, dulces, cerollas, peras forniadas, figas enfarinadas, mostillo duro, pasas, nueces, almendras, manzanas, orejones, cergüellos empapelaus, ugas colgadas y panizo menudo de fer palometas... pa fer colación".

En La Puebla de Castro el postre preferido era el "panillet", compuesto de almendras y miel. Antonio Beltrán recuerda como hace cincuenta años aún se amasaban en Sariñena empanadones de "espinais", típicos en toda la provincia, alternando con otras variedades de tortas. La coción de estos dulces de Navidad se conservaron ritualmente, hasta hace pocos años en La Almolda.

La colación o cena de navidad era tras la misa de gallo y en ella no podía faltar el cardo, longaniza y otros productos de la matacía o el bacalao. También podían cocinarse capones o pollos y buen vino. Para postre pastillos, “neulas”, “empanadones”, turrones y poncho. La comida del día de Navidad contaría, además, con pavo, ternasco o cabrito.

Cada vez se fueron haciendo más populares los belenes, que al parecer tienen su origen en la Italia del siglo XIII donde San Francisco de Asís los preparaba con figuras de terracota. Hoy son muchos los belenes que encontramos en nuestra provincia donde muchas personas han dedicado muchas horas para que puedan ser visitados en estos días. Algunos de ellos, como el de Monzón, han alcanzado merecida fama por todo el territorio.


San Silvestre es el patrón de Arbaniés. Foto: C. García

Nochevieja y Año Nuevo
El día de los Santos Inocentes (28 de diciembre) los niños animan las calles con sus bromas, igual que el día de San Silvestre, último del año, en el que se les invitaba a que salieran a la calle a ver a un hombre que tenía tantas narices como días tenía el año.
Bonansa festeja a Santa Coloma, festividad, igualmente, de San Silvestre, patrón de Arbaniés, Orante y Soto. En Castanesa se acudía a la ermita de San Silvestre este día y en épocas de sequía. En Baldellou la última noche del año los mozos iban casando parejas, con resultados bastante inverosímiles, mientras cantaban:
Casem, casem...
¿A qui casarem?
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En Orante las fiestas se celebraban en honor a Santiago y San Silvestre, y, como en Soto, enlazaban con el primero de año, por ello se bromeaba con dichos o coplas como esta:

No hay fiesta más larga
que la de Soto,
que empieza en un año
y acaba en otro.
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Las doce campanadas señalan el comienzo del nuevo año, al mismo tiempo que embutimos las uvas por el gaznate, corre el “champagne” y llueven las felicitaciones. Este rito permanece con el paso de los años, a diferencia de otros festejos y celebraciones que eran tradicionales en nuestros pueblos. Surgió a principios de siglo, según podemos deducir de la siguiente reseña de la Noche Vieja oscense de 1916 y del inicio del Año Nuevo:

"Entre nosotros va arraigándose y propagándose la costumbre de comer las clásicas uvas al dar las doce campanadas”.

El día de Año Nuevo celebraban fiestas patronales en Barcamota, El Sas de San Martín, Puimolar y Purroy de la Solana. En los años cuarenta dejó de festejarse en Purroy; era costumbre que los mozos se reunieran en una casa, donde se mataba un cabrito que se guisaba para la cena.

El primer día del año era costumbre en muchos lugares que los niños pasaran por las casas pidiendo el "cabo del año". Y, según fuera el pedigüeño, pasan del arca o de la “palluza” a los capacicos o a las cestetas alguna barreta de turrón, “higos, enfarinaus”, bellotas dulces o algún caramelo".

. Esplús. Foto: C. García

En Esplús los niños cantaban en cada puerta la misma canción:

"Guilletas de cabo d'año,
pan y vino pa todo l'año
y el que no nos quiera dar
buena caguera le dé
hasta el día de la Candelera".

Por el Sobrarbe "iban a buscar las lilas": los ahijados pedían a sus padrinos el aguinaldo. En Robres, cuenta Carmelo Pérez, "el día de Año Nuevo todos los zagales y mocetas acudían gozosos y expectantes a casa de la madrina, que les guardaba la colación, consistente en una cesta repleta de golosinas: guirlaches, tocinetes de mazapán, perniles de mazapán, frutos secos, etcétera; era la colación de la madrina".

Binaced aún conserva la fiesta, aunque antes se prolongaba hasta el día 4. Había baile-vermú, café concierto, teatro y sesiones de baile tarde y noche.

Arbaniés festejaba a San Silvestre y la fiesta continuaba el día de Año Nuevo.

En Huesca, el primero de año, se descubría al Santo Cristo de los Milagros para veneración pública, durante todo el día, en su capilla de la catedral.
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Cabalgata de los Reyes Magos. Foto: C. García
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Los Reyes

La fiesta de los Reyes es una de las más populares del año. Esta tradición mediterránea, de portadores de regalos, se asemeja a otras de influencia francesa, sajona o nórdica. La sabiduría popular ha tejido numerosos dichos y leyendas con los que se embauca la inocencia de los niños. Se decía que si los niños querían obtener un regalo extraordinario, tenían que ir a esperar a los Reyes a las doce de la noche con la faldeta mojada y una caña verde. En Sariñena, cuenta Antonio Beltrán, era muy sencillo llegar a ellos; bastaba con ir en camisa, con la faldereta mojada y una caña verde.


En Huesca los niños iban a esperar a los Reyes con la clásica "caña verde" a la plazoleta del puente de San Miguel, ya que la carretera de Santa Lucía era la ruta tradicional que traían los augustos y prodigiosos señores.

Lanaja. Foto: C. García

En Lanaja se gastaba la misma broma a los niños; se iba a esperar a los Reyes a Santa Bárbara, con camisa mojada y una caña verde, para que, según se decía, los Reyes repartieran mejor los regalos. Los niños recibían muñecos de cartón, dinero, higos secos, mandarinas, trozos de turrón, etcétera.


La víspera de Reyes se también se desataban nuevas ilusiones entre los jóvenes; en muchos pueblos jugaban a sacar "damas y caballeros". En un puchero se introducían papeletas con los nombres de las mozas y de las viudas del pueblo y en otro los de los mozos viudos y tiones. Se sacaban papeletas y si faltaban chicos o chicas se emparejaban con animales. En Pozán de Vero, al día siguiente, tras la misa, el mozo debía pagar a su pareja un pedazo de turrón comprado al turronero de Pertusa e invitar a bailar a la moza. En Bespén la chica tenía que bailar con el chico e invitarle a merendar. En Robres y en Biscarrués el juego se denominaba "damas y galanes"; en Biscarrués también se les asignaba oficios.


El día de la Epifanía del Señor se celebraban las fiestas en Cortillas, Fanlo, Lanave, Bono, Juseu y Loscertales. Se sigue venerando este día en las fiestas pequeñas de Panillo y de Grañén; en esta villa junto con San Julián Hospitalario. En los años veinte, los festejos profanos de Grañén se reducían a bailes en los salones de Cajal y Luzán, amenizados, entre otras, por la orquestina de Azanuy. Era también el inicio de las fiestas de San Quílez en Binéfar con hoguera y el popular baile de la toya.

Publicado en el Monográfico de "Navidad" del Diario del Altoaragón, 22 de diciembre de 2010.
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