viernes, 11 de noviembre de 2011

A modo de introducción

Baile en Ansó
  LA FIESTA
"Cuadernos Altoaragoneses"
Diario del Altoaragón, Domingo, 8 de octubre de 1989

Por José Antonio ADELL CASTAN y Celedonio GARCIA RODRIGUEZ

La fiesta cumple una función importante y trascendente en la vida del hombre. Puede decirse que existiendo la vida existe la fiesta como fenómeno social vinculante. Para que la fiesta impregne la vida debe haber un determinado grupo humano que debe proponer se vivirla, por propia voluntad del grupo, apelando a la tradición y a la continuidad o, simplemente, a la celebración colectiva.

Buscar el origen de la fiesta es buscar el origen del grupo humano, del hombre en definitiva. Carmelo Lisón dice que da voz fiesta, significando alegría, diversión y solemnidad religiosa, hace ocho siglos que suena en español. La energía de la palabra es tal que ha brincado de nuestra lengua a otras... (1). Si la palabra suena desde hace ocho siglos, la celebración festiva existe desde que el hombre aparece en nuestro solar. Las pinturas rupestres podrían aportarnos muchos datos sobre celebraciones mágico-religiosas existentes, ya, en el Paleolítico Inferior.

A partir de los años setenta comienza a perfilarse un gran interés desde la Etnografía, Antropología, Sociología e Historia por el tema festivo. Las aportaciones han sido diversas y, en nuestro país, númerosos trabajos han abordado el tema, algunos con excesiva teorización, otros con excesivos elementos descriptivos, pero, en la mayor parte de los casos, con aportaciones de interés, que permitirán que en los próximos años haya una mayor profundización en el tema.

Rodríguez Becerra, estudioso de las fiestas andaluzas, dice que éstas no son importantes o relevantes para el conocimiento del hombre frente a la economía, la política o la organización social, pero “la importancia de lo festivo en el contexto de la cultura merece, sin duda, mayor atención por ser una actividad indisolublemente ligada al hombre del presente y del pasado hasta tal punto que puede calificarse de complejo cultural de carácter, universal” (2).

El mismo autor reconoce numerosas funciones en las fiestas: ritualización de una serie de cualidades, valores y fenómenos sociales, función social de refuerzo o de expresión, elemento de identificación, elemento de promoción individual y familiar, función integradora de la familia, función psicológica, función estética y función económica.

Caro Baroja también comenta alguna de estas funciones de la fiesta y en su obra «El Carnaval» dice que no debemos dejarnos seducir por los que «desprecian la reconstrucción en cualquier investigación antropológica. Una cosa es reconstruir sobre conjeturas y asociaciones y otras es contar, lisa y llanamente, lo que averigüemos explorando un pasado más o menos remoto, pero concreto en países y pueblos que nos son familiares» (3). En muchos trabajos sobre fiestas, los autores se han dejado llevar por una «mitificación y ritualización» de los componentes festivos que han desvirtuado el contexto histórico-social de las mismas.

La fiesta se ha transformado al mismo tiempo que la sociedad terminando por imponerse los elementos de cultura universal a los de cultura local o autóctona. Por esa razón estudiar el origen y evolución de las fiestas de nuestros pueblos es analizar su propia historia como grupo.

Mojiganga de Graus
LA FIESTA EN ARAGON

La fiesta aragonesa se encuadra, aunque con ciertas características especiales, en el contexto cultural festivo del área mediterránea. Los estudios sobre el fenómeno festivo aragonés no abundan, pero hay algunas aportaciones interesantes. Carmelo Lisón Tolosana estudia tres fiestas aragonesas, localizadas geográficamente en La Fueva (Huesca), La Almolda (Zaragoza) y Mosqueruela (Teruel) y concluye el trabajo aportando interesantes valoraciones.

Para el autor la fiesta puede ir mucho más allá de los datos de la experiencia inmediata, de la situación y marco concreto de la comunidad y también de todo el conjunto de originadores e intensificadores. La fiesta en este contexto es «transcendencia subjetiva del datum; es una fabricación gratuita de un mundo estético, simbólico, transcendente». (4). Para el autor los límites, los accidentes geográficos, las divisiones naturales o humanas, la estructura relacional, etcétera, pueden actuar como propulsores de fiestas, pero será nuestra mirada mental intencional la que rechaza mecanismos y selecciona otros puntos o marcos de referencia a los que presta valor y significado inmediato.

Elisa Sánchez realizó su memoria de licenciatura sobre el tema festiyo, analizando el ciclo anual festivo de la provincia de Teruel. Señala autora que «éramos conscientes de que el abandono de los pueblos ha producido el olvido de la fiesta, pero en nuestro trabajo de campo siempre encontramos quien nos facilitase datos antiguos de su celebración y de los elementos que la integraban» (5). La misma situación se produce en el Alto Aragón, especialmente en las comarcas pirenaicas yen el Somontano. Algunas localidades o aldeas continúan reuniéndose una vez al año, el día que celebran la fiesta, para reme morar y continuar la tradición. El pueblo no existe, no queda nadie en el mismo, pero sus antiguos pobladores han querido como mínimo mantener la fiesta como vínculo de unión y de identidad.

Antonio Beltrán Martínez establece algunas de las características de las fiestas aragonesas entre las que destacamos el regreso de ausentes «que, esperan esta ocasión para reunirse con la familia, amigos, paisanos como corrección del desarraigo producido por la emigración habitual de nuestros medios agrícolas (6). Hace también referencia a las ferias y mercados, que constituían una fiesta por sí mismos, provocando la afluencia de compradores y vendedores de diversos lugares. En muchas de estas ferias está el origen de las fiestas de algunos pueblos.

Enrique Satué Oliván preparó su tesis de licenciatura sobre un tema festivo «Las romerías de Santa Orosia». En este valioso trabajo se analizan diferentes aspectos interrelacionados con las romerías a Santa Orosia en Yebra de Basa y Jaca. A lo largo de las páginas de su trabajo se estudia la concepción cíclica del tiempo de la sociedad tradicional pirenaica, sus creencias y supersticiones, sus formas de vida, etcétera. El origen de muchos rituales hay que buscarlo, según el autor, en el sustrato precristiano: «Estos rituales paganos fueron sustituidos por el Cristianismo, quien trató dé borrarlos de las mentes populares, aunque siempre existió un substrato subyacente que afloraba entre las manifestaciones cristianas...» (7).

Disparate de Carnaval (Goya)
EL CARNAVAL, LA FIESTA POR EXCELENCIA

Una de las fiestas n las que hay que buscar su origen en el sustrato precristiano es, sin duda, el Carnaval, que aún en la actualidad tiene arraigo en algunos valles pirenaicos. Manuel Benito ha estudiado el ciclo carnavalesco en el Pirineo Central. El punto de partida de su trabajo «se fundamenta en nuestra idea de que, el hombre, viene creyendo que todo cuanto le rodea ha tenido o tiene un alma que le mueve, y que todos los fenómenos se producen por un poder casi siempre, se ve personificado en algo tangible e influenciable por él: un mito, un santo...» (8).

Josefina Roma también ahonda y profundiza en el Carnaval aragonés. Habla de la traslación de los rasgos del Carnaval a otras fiestas: «Por otra parte, al ser carnaval el espejo en que miran las demás fiestas, ha llegado a entenderse su ceremonial como el de la fiesta en general y no es extraño que las fiestas tengan en parte alguno de sus caracteres, que á la gente que lo celebra le parecen simplemente indicativos de fiesta» (9). Cree la autora que las fiestas alrededor del año no constituyen elementos esporádicos que surgen aislados unos de otros, sino que se relacionan entre sí y se complementan y es necesario un estudio global de todas ellas.

Este será, en parte el objeto de las próximas colaboraciones: estudiar globalmente varios pueblos del Alto Aragón analizando las diferentes celebraciones festivas anuales.

CITAS BIBLIOGRAFICAS
  • (1) Lisón Tolosana, C.: «Aragón festivo (La fiesta como estrategia simbólica)» en Antropología social y hermenéutica. Madrid, F.C.E., 1983, página 43.
  • (2) Rodrlguez Becerra, S.: «Las fiestas populares: Perspectivas socioantropológicas» en Homenaje a Julio Caro Baroja. Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 1978, página 916.
  • (3) Caro Baroja, J.: El Carnaval (Análisis histórico-cultural). Madrid, Ediciones Taurus, 1979, página 394.
  • (4) Lisón Tolosana, C.: Op. cit., página 82.
  • (5) Sánchez Sanz, E.: «El ciclo festivo en la provincia de Teruel, en Kalathos -1. Teruel, S.A.E.T., 1981, página 63.
  • (6) Beltrán Martínez, A.: Fiestas.-en Enciclopedia Temática de Aragón. Volumen 1. Zaragoza, ediciones Moncayo, 1984, página 63.
  • (7) Satué Oliván, E.: Las romerías de Santa Orosia. Zaragoza, D.G.A., 1988, página 53.
  • (8) Benito Moliner, M.: .El ciclo carnavalesco en el Pirineo Central» en III Seminario de Carnaval. Cádiz, 1988 (inédito).
  • (9) Romá Rlu, J. Aragón y el Carnaval. Zaragoza, ediciones Guara, 1984, páginas 91y 92.
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