miércoles, 27 de abril de 2016

Tres meses en Bolivia compartiendo. La Paz: Una ciudad de múltiples contrastes (4)


Desfile de las fraternidades en el carnaval paceño

Por José Antonio Adell

(Ver apartado anterior)

La Paz: Una ciudad de múltiples contrastes

La Paz está ubicada en un valle que, aquí, denominan la Hoyada. Se extiende de forma alargada a uno y otro lado de la ladera. Las calles son empinadas y la única forma de poder desplazarte es lo que aquí se denomina movilidad. La conforman vehículos bastante anticuados que ante el caos circulatorio hacen sonar sus cláxones y bocinas de manera estridente. La circulación es caótica y desorganizada.

No se respetan los pasos de cebra para los peatones que están casi borrados. Los semáforos, en ocasiones, parece que estén por demás. En la calle se observan puestos de diferentes mercancías y familias enteras vendiendo esos productos. Las cholas son las mujeres con indumentaria tradicional de Bolivia: falda ancha y sombrero tipo bombín que cargan a su espalda pesados fardos o a sus propios hijos pequeños. Es curiosa esa indumentaria de estas mujeres que usan el aguayo como manta de pecho prendida a un hombro que colocan por encima de la chaquetilla, ambas de vivos colores, al igual que la falda o pollera. Muchas llevan a espaldas a sus hijos u otras veces pesados fardos.

Llaman la atención las cebras, estudiantes que disfrazados de este animal intentan buscar el civismo y que se respeten las señales. Les paga el ayuntamiento de la ciudad. Los limpiadores de zapatos esconden su rostro tras un pasamontañas. Son estudiantes o personas que no quieren ser reconocidas pues consideran deshonroso su oficio.

El corazón de la ciudad lo marca el tumulto de la calle Murillo y al fondo se divisa el majestuoso Illimani nevado. Es un macizo que consta de cinco picos, el más alto, el Sur, supera los seis mil cuatrocientos metros. Forma parte de la identidad paceña y su visión al fondo de la ciudad encandila.

La iglesia de San Francisco es el edificio más significativo de la capital. Se construyó sobre una primitiva iglesia que fundaron los franciscanos y se desplomó a comienzos del siglo XVII a consecuencia de una nevada. Aquí se dividía La Paz. Hacia el Norte estaban los indios y de aquí hacia el Sur los españoles. La iglesia se terminó en 1784. Corresponde al arte barroco, pero el espesor de sus muros es de dos a tres metros. Es la iglesia más importante de Bolivia.

En la cripta de la basílica aparece la tumba de Diego Baena y también los héroes de la revolución boliviana, que liberaron la ciudad en 1809. Destacan también el claustro antiguo y el claustro mayor.

Puesto de venta en la popular calle de las brujas

En la plaza de acceso puedes encontrar personas pidiendo, malabaristas, mujeres que te venden diferentes productos, pero lo interesante es adentrarse en las calles aledañas a la iglesia y especialmente en lo que aquí se denomina Mercado de las Brujas o Mercado de la Hechicería. Ocupa cuatro calles, dicen que procede de la cultura aymara, pero es bien exótico.

Por un lado hay productos para realizar rituales de agradecimiento a la “pachamana” (la madre tierra), amuletos y objetos tradicionales, plantas curativas, y lo que más me llama la atención los fetos de llama que dice que sirven para proteger las casas nuevas. Están colgados en cestos o penden de cordeles. Parece ser que el ritual consiste en enterrar el feto en la tierra sobre la que se va construir la nueva vivienda.

Se ven también ratas, ranas y sapos disecados. Los bolivianos suelen ser muy supersticiosos. Quizás les venga de la cultura del mundo indígena. Creen que los amuletos o remedios pueden curar enfermedades, cambiar la suerte de la vida, triunfar en el amor o conseguir dinero.

La “pachamama” es una figura que recuerda la madre tierra y que, según las vendedoras con esta figura va bien la familia, el trabajo, el amor, la energía, Algunos curanderos indígenas predicen el futuro y curan males del alma. Sin duda llegar aquí es sumergirte en la cultura ancestral de los pueblos indígenas bolivianos.

Otro centro neurálgico es la Plaza Murillo que lleva el nombre de Pedro Domingo Murillo héroe de la independencia boliviana. Allí se encuentra el palacio de gobierno o palacio Quemado por el incendio que sufrió en 1875. En su puerta da colorido la guardia presidencial con chaqueta y gorras rojas. Son amables y dejan que les fotografíes.

Vista parcial de la ciudad

Al lado está la catedral, del año 1835, un edificio de grandes dimensiones de cinco plantas y a la derecha el parlamento boliviano. El poder judicial permanece en Sucre que es la capital constitucional de Bolivia. Numerosas palomas encontramos en la ajardinada plaza en cuyo centro se erige el monumento a Pedro Murillo.

En dicha escultura encontramos una imagen de una mujer que simboliza la madre patria, a su lado, un león símbolo de victoria. El libertador se representa con una capa en el brazo y en la mano un sombrero. La plaza se completó con esculturas femeninas que representan las cuatro estaciones del año y las cuatro musas de las artes.

Recuerdo en esta estancia la celebración del lunes de carnaval o fiesta de la Jiska Anata, celebración que deriva de la tradición aymara de la llegada de las primeras cosechas. Desfilan cerca de cincuenta grupos o fraternidades como les llaman aquí. Es un placer para los sentidos. Qué riqueza étnica y multicultural tan impresionante. Más de veinte danzas nacionales y con atuendos representativos de diferentes zonas y etnias del país.