miércoles, 27 de abril de 2016

Tres meses en Bolivia compartiendo. Y una despedida con lágrimas (y 6)

Monumento a los incas en el estrecho de Tiquina

Por José Antonio Adell

(Ver apartado anterior)

Y una despedida con lágrimas

Fueron tres meses los que estuve de voluntario y en los últimos veinte días me ha acompañado, como he dicho, mi esposa María Jesús que también colaboró con un centro de Primaria y con charla a docentes.

Cuando llegó el momento de regresar ansiaba ese momento por estar con mis hijas, con mi hermano, con mis amigos y compañeros; pero no podía imaginar lo que me iba a ocurrir.

En casi todas las despedidas en la universidad, con los profesores, con los alumnos, en la comunidad, con personas que conocí, terminé con lágrimas en los ojos. Viene a enseñar y soy yo el que ha aprendido de todos ellos. Son personas que se manifiestan humildes, sencillos, y que luchan por sacar adelante a su familia, por labrarse un futuro. Son personas que te quieren y valoran tu compromiso. Por eso al abandonar Bolivia me doy cuenta que he vivido una gran experiencia y que el reto no ha sido fácil, pero ha valido la pena.
Con el rector, el padre Thelían Argeo Corona

Finalmente quiero agradecer a todas las personas con las que compartí esta experiencia en tierras bolivianas. A las personas de la Universidad Salesiana de Bolivia en la Paz por haberme acogido y confiado en mí desde el primer momento de mi llegada: al rector, a la comunidad, a los voluntarios y a los profesores, administrativos y a los alumnos, en especial a aquellos que recibieron mis enseñanzas como voluntario. Todos ellos consiguieron que, tras mi estancia en Bolivia, abandonase el país con lágrimas en los ojos.

También a la Universidad Pública San Andrés (UMSA), a la Universidad Católica, al Centro Boliviano Americano y a las Escuelas Populares Don Bosco agradeciéndoles las invitaciones que me realizaron para impartir cursos y conferencias (impartidas de forma altruista) y la buena valoración que realizaron de éstas.

También a las gentes paceñas que pude conocer por su hospitalidad, por su amabilidad, por su gentileza y por el buen trato que siempre me dieron. Y a tantos amigos y compañeros que me apoyaron con sus palabras desde España durante la estancia.

A mi esposa María Jesús, que me acompañó las últimas semanas, a mis hijas María y Ana y a mi hermano Javier por la comprensión que han tenido por mi experiencia.